Dictadura genocida, dictadura contrarrevolucionaria

No se puede comprender la última dictadura militar, sin analizar al menos el periodo anterior, que tuvo como hito fundamental el golpe de estado de 1966 que instauró la dictadura de Onganía, Levingston y Lanusse.

Esta dictadura proscribió a todos los partidos políticos, instalado un gobierno de carácter autoritario y que respondía a las grandes corporaciones transnacionales.

Este intento fue derrotado a causa de las intensas luchas obreras y populares que fueron creciendo desde el ’69 con las puebladas en toda la Argentina, con el Cordobazo y los Rosariazos como máximos exponentes. La irrupción de las organizaciones armadas como nueva forma de lucha, y su creciente popularidad en el conjunto de la población, obligó al partido militar a replegarse políticamente. Pero antes enviaron un mensaje al pueblo perpetrando como represalia por la fuga de militantes de la cárcel de Rawson, la masacre de 16 combatientes revolucionarios en la base militar en Trelew.
En 1973 se abrió un breve paréntesis constitucional con amplio protagonismo popular. La respuesta de las clases dominantes no se hizo esperar, ya que intentaron poner un límite a la movilización del pueblo a través de la violencia: masacre de Ezeiza, autogolpe al gobierno de Cámpora y aparición de fuerzas paraestatales, como las AAA y los Comandos Libertadores.

Sin embargo, el pueblo se mantuvo en la lucha a lo largo de este período, alcanzando uno de los puntos más elevados de su desarrollo con las coordinadoras obreras que organizaron las mayores huelgas de la historia argentina durante los meses de junio y julio de 1975. Estas jornadas masivas y contundentes demostraron que se estaba abriendo un proceso revolucionario a partir de un crecimiento de la conciencia del pueblo y sus organizaciones.

Frente al desafío del movimiento obrero y popular, las clases dominantes, a través del partido militar, instalaron a partir del 24 de marzo de 1976 la dictadura militar más sangrienta de la historia de nuestro país.

Una dictadura contrarrevolucionaria

El régimen que se acaba de establecer con el golpe militar de Videla no es provisorio. Es el tipo de gobierno definitivo que se dan las fuerzas burguesas-imperialistas para luchar contra las fuerzas revolucionarias argentinas.

Llenos de pánico por el vigoroso desarrollo revolucionario de la clase obrera y del pueblo argentino, por el crecimiento constante y acelerado de las organizaciones de vanguardia, por la amenaza real que ello representa para el régimen capitalista, el Partido Militar, como representante principal de los más grandes capitales extranjeros y nacionales, se ha decidido por la guerra total, por una prueba de fuerza definitiva.

Mario Roberto Santucho, 31 de marzo de 1976


Como bien señala Santucho (Secretario General del PRT y Comandante del ERP) a una semana del golpe, los objetivos de la dictadura quedaban claros considerando su programa, quiénes se beneficiaron y quiénes fueron perjudicados y perseguidos. Existen infinidad de hechos en que se puede ver la relación entre los empresarios y la dictadura. Fue el régimen de los grandes empresarios, aliados y socios de los intereses extranjeros que siempre saquearon a nuestros países. Fue el primer golpe de la historia que no se realizó invocando la Constitución. Las garantías constitucionales resultaban un obstáculo para aplicar su plan de guerra “sucia”. No iban a respetar ningún convenio internacional ni principio ético. No debía haber límites para salvar al sistema capitalista… y no los hubo. No fue complicidad con las empresas capitalistas: fue su plan y su gobierno.

Pero además, la dictadura del 76 fue una dictadura terrorista y genocida porque así debía ser una dictadura contrarrevolucionaria. Tenía por objetivo primero y principal aplastar al movimiento obrero y revolucionario desarrollado en Argentina, que había crecido desde el Cordobazo.

El primer hecho distintivo del golpe fue que sus ejecutores, antes de tomar la Casa Rosada, antes de tomar las radios, las estaciones y los puertos y aeropuertos, se dirigieron a tomar las fábricas. El ejército se movilizó directamente a las grandes fábricas, las que estaban más organizadas, las que habían protagonizado las luchas más importantes. En los primeros días secuestraron a los activistas y desalojaron a los obreros y obreras y, cuando se reactivó la producción, durante varios días se tuvo que trabajar con un soldado junto a cada puesto de trabajo. Esto demostró claramente cuál era el enemigo principal del golpe militar del 24 de marzo de 1976.

Allanaron el camino

El carácter de dictadura contrarrevolucionaria, contra un pueblo claramente organizado, fue la necesidad principal del capitalismo en Argentina, que estaba fuertemente asediado. No se trataba sólo de salvar al sistema sino de ir por más: faltaba todavía mucho por saquear y expoliar a los países de América Latina y de buena parte del denominado tercer mundo.

Por ello no han revertido beneficios otorgados a los empresarios a costa de los trabajadores: reducción de los aportes para la jubilación, menos impuestos a las ganancias, facilidades para despedirnos, desregulación financiera, la deuda externa fraudulenta que seguimos pagando nosotros, etc. Si no terminamos con esto, el proceso de concentración de la riqueza continuará y seguiremos con ricos más ricos y pobres más pobres.

El terror y el miedo generalizado, la destrucción de las organizaciones del pueblo y el secuestro, asesinato y desaparición sistemática de sus máximos dirigentes, logró la disgregación y debilitamiento del campo popular y la clase trabajadora. Esto permitió, ya en democracia, la estocada final: la aplicación del programa económico de la última dictadura. Fueron décadas de vaciamiento del estado, de privatizaciones, de convertibilidad, que profundizaron la dependencia y generaron récords de desocupación y pobreza que alcanzaron casi al 50% de los argentinos.

Por ello la lucha que emprendieron nuestros compañeros por un sistema social más justo hoy está más vigente que nunca. El mejor homenaje que les podemos es recordarles en la acción cotidiana, rescatando la solidaridad, la consecuencia de lo que se dice con lo que se hace, la tenacidad, la responsabilidad de cumplir el compromiso con nuestro pueblo. Todo esto que jamás podrán desaparecer… Está en nosotros, en todo el pueblo, brindar el mayor acto de justicia para nuestros 30.000 héroes; el de un pueblo resuelto y organizado para ganar su última e irrenunciable independencia…

Porque ellos vivieron por eso, porque nosotros viviremos para ello, porque ellos lucharon por el socialismo.

Los juicios a los genocidas

Pero hubo un diciembre de 2001, que aunque encontró al pueblo aún sin reorganizarse, cambió diametralmente la realidad y el futuro del país. En esos días quedó en claro que, pese al retroceso en la conciencia verificado en los últimos 25 años, en el pueblo había comenzado a renacer la dignidad.

Luego de todos estos hechos, la clase dirigente comprendió que ya no podrían volver a la fiesta neoliberal ni contener el malestar popular sólo a través de la fuerza. Es por eso que tuvieron que apelar a un gobierno de nuevo tipo.

Entre los actos de gobierno más destacados del kirchnerismo, se señala una y otra vez la política de derechos humanos respecto de la última dictadura y la justicia que, tardíamente, está llegando para algunos de los autores materiales de ese proceso.

Enjuiciar a los militares no hubiera sido posible de no haberse sostenido la lucha por esta reivindicación durante más de 30 años por parte de sectores que se mantuvieron movilizados en reclamo de memoria, verdad y justicia. Esto es así ya que el sistema judicial argentino fue parte del aparato represivo, es el mismo que avaló el golpe, es la justicia de las clases dominantes, que defiende y está ligada a sus intereses.

Esta justicia no va a cambiar sino cambiamos el sistema que mantiene las desigualdades entre los dueños de los medios de producción y de la tierra, y quienes sólo tenemos nuestros brazos para sobrevivir.

Es esta justicia de los poderosos la que está juzgando a los genocidas de la última dictadura. Si bien apoyamos y acompañamos estos juicios, para nosotros, la justicia verdadera y definitiva es alcanzar el objetivo por el que lucharon nuestros compañeros y compañeras: una sociedad más justa, donde todos tengamos acceso a un trabajo, a una vivienda, a una educación y a una salud dignas, donde valga más la vida que la propiedad privada, donde los derechos de todos se cumplan efectivamente. En definitiva, el socialismo.

Por eso, debemos estar alertas y organizados, apoyando y luchando porque se avance con las causas, pero teniendo en claro que hay justicia contra los verdugos pero no contra las injusticias que generaron.

En ese sentido, también hay que luchar para que se comience a juzgar a quienes fueron los impulsores intelectuales y beneficiarios de la última dictadura: los grandes empresarios, fundamentalmente, que entregaron trabajadores y recibieron enormes dádivas del gobierno, como la estatización de sus deudas, que hoy reclama el Club de París.

Debemos acompañar a los y las testigos, víctimas y querellantes que llevan años reclamando justicia. Y no por una mera cuestión de reparación individual. Como pueblo exigimos la condena a quienes asesinaron, secuestraron, torturaron y desaparecieron a tantos compañeros/as, para sentar las bases de un verdadero nunca más represión de las luchas del pueblo y los trabajadores en nuestro país y nuestro continente. Pero fundamentalmente, debemos recuperar nuestra historia, la historia de las luchas populares, la de las organizaciones del pueblo que nos marcaron un camino a retomar: el de la segunda y definitiva independencia, el de un país mejor para todos/as, el de la patria socialista.

A 35 años del golpe, recordamos a nuestros compañeros caídos

 

Luis Pujals

Dirigente del PRT-ERP en Rosario, fue secuestrado el 17 de septiembre de 1971. Fue el primer desaparecido del PRT. El genocida Agustín Feced está sindicado como el principal responsable. Su cuerpo continúa desaparecido, y sus asesinos impunes.

A 40 años de su desaparición,

¡Hasta la victoria siempre!

 

 

Mario Roberto Santucho

Secretario General del Partido Revolucionario de los Trabajadores y Comandante del Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), asesinado y desaparecido por los militares el 19 de julio de 1976.

Los restos de quien fuera el combatiente más buscado por las fuerzas represivas siguen sin encontrarse. Sabemos que su aparición sería fundamental para desentrañar una enorme madeja de ocultamientos que permitirían el encuentro de muchos más compañeros.

 

 

A 35 años de su asesinato,

¡Su ejemplo y su lucha viven en el pueblo!


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