minientrada 8 de Marzo: luchar contra la injusticia cotidiana

Ilustración Martina C.

Esta mañana nos despertamos con otra noticia atroz. Una mujer de 25 años fue asesinada a golpes por su pareja, quien después se ahorcó, en la localidad de Capitán Bermúdez (Santa Fe). Todo sucedió delante de su hija de 5 años. La noticia, en los principales medios de la región, apareció en la sección de policiales, tratada como un “drama familiar”.

Hace unas semanas, inspectores de la municipalidad de Rosario “descubrieron” que en el Palacio Berlusconi había oferta sexual. El lugar, que funciona desde hace 3 años, era reconocido por toda la ciudadanía como un cabaret y prostíbulo vip. Sin embargo, las autoridades permitieron su funcionamiento, lo mismo que con muchos otros lugares de la ciudad y de la provincia, mirando para otro lado.

En diciembre pasado el país entero se escandalizaba por el fallo en el juicio que investiga la desaparición de Marita Verón, en Tucumán: absolvieron a todos los acusados. En un país donde todos los días desaparecen mujeres y niños/as, secuestrados/as por redes de trata nacionales e internacionales, la sentencia parecía una burla.

Hoy la educación sexual sigue quedando a criterio de autoridades que, muchas veces, piensan más en su relación con la iglesia o con ciertos grupos de poder, que en las mujeres. El acceso a la anticoncepción, tradicional o de emergencia, en los hospitales públicos sigue estando restringido. Y, cuando se llega a un embarazo no deseado, la responsabilidad parece ser sólo de la mujer.

La última vez que se discutió el tema del aborto en el Congreso de la Nación, fue otra vergüenza. Parecía que salía el dictamen de comisión para que sea tratado en el recinto, pero no, se volvió a encajonar el proyecto. En un país donde no se ha logrado aún la separación de la iglesia del Estado y la propia presidenta se pronuncia en contra del aborto, seguirán muriendo todos los días mujeres víctimas de la realización de abortos en malas condiciones sanitarias. En el mejor de los casos, no morirán, pero serán denunciadas y perseguidas por médicos y abogados que en los hospitales públicos se encargan de estigmatizar a las mujeres que deciden qué hacer ante un embarazo no deseado.

En la Argentina de 2013, una mujer con hijos/as a cargo tiene muchas menos posibilidades de acceder a un trabajo decente que un hombre. En caso de que consiga uno, lo más probable es que sea precarizada o directamente en negro. Sin guarderías en los lugares de trabajo, el empleo implicará un aumento de los gastos del grupo familiar. Además, un posible embarazo puede ser causa de despido. En el mejor de los casos, no se respeta la fórmula “igual remuneración por igual tarea”, siendo siempre la mujer la que lleve las de perder a la hora del salario.

En el hogar, sigue estando vigente la doble explotación, que hace que la mujer que trabaja fuera de su casa, al llegar a la misma también deba encargarse de las tareas domésticas y del cuidado de los/as hijos/as. Esto no sólo tiene que ver con una cuestión cultural: la falta de equiparación (hacia arriba) de las licencias por maternidad y paternidad hace que sea siempre la mujer la principal responsable de la crianza de los hijos/as, con todo lo que ello implica en lo laboral, en el acceso a la educación y a la salud.

Los patrones sociales y culturales que denigran y estigmatizan a las mujeres siguen en plena acción. Cuando una mujer sufre una violación se pregunta primero por la ropa que llevaba antes que por quién la violó. La televisión es un enchastre donde se vende a la mujer hasta para ofrecerte un detergente, donde rufianes millonarios exhiben los cuerpos femeninos hasta el hartazgo, para después participar de campañas contra la violencia hacia la mujer, para lavar la conciencia. Mientras tanto, una mujer libre sexualmente sigue siendo una puta, mientras que en el caso de los hombres son muy piolas. Sobre una mujer que ha logrado avanzar en su carrera se preguntan con quién se habrá acostado, mientras que en el hombre se atribuye a sus capacidades. Y así se encuentran cantidad de ejemplos en la vida cotidiana de cada una de nosotras.

Todo esto viene a demostrar que el patriarcado, sostén inevitable del capitalismo, sigue más vivo que nunca. El machismo sigue siendo una de las características fundantes del sistema y es causa y justificación de todos los problemas enunciados.

Queremos ser iguales en la diferencia, tener los mismos derechos y las mismas oportunidades, no sufrir más violencias de ningún tipo y que los violentos sean condenados. Queremos acceso a la salud y la educación en iguales condiciones. Queremos que se desbaraten las redes de trata, una de las principales fuentes de financiamiento del capitalismo mundial. Queremos decidir sobre nuestros cuerpos, tener derecho al placer y a una sexualidad segura. Queremos trabajos dignos y bien pagados. Queremos compartir con nuestros compañeros las tareas del hogar y de la crianza de los/as hijos/as. Y esto sólo se va a lograr luchando hombres y mujeres codo a codo, como compañeras/os, levantando bien alto las banderas contra el patriarcado y contra el capitalismo que nos oprime a todos/as, peleando cada ley y su puesta en práctica, batallando contra los estereotipos. Luchando por una sociedad de iguales, sin explotadores ni explotados/as, por una sociedad socialista.

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