Movimiento Nacional o Frente de Liberación

Movimiento Nacional o Frente de Liberación

Daniel De Santis

La Plata, 2 de octubre de 2011206251_483799855031006_508834398_n

La actualidad política, con el encumbramiento del kirchnerismo y la derrota de Proyecto Sur, ha puesto en debate, dentro de la militancia popular, el papel de los movimientos.

Detrás de la bella palabra movimiento, que nos induce a pensar en algo dinámico, con cambios permanentes en los que se avizoran más ascensos que descensos, y en el protagonismo popular, se ocultan muchos y diversos actores, que la doctrina populista pretende homogeneizar: tirios y troyanos, santos y pecadores, burgueses y proletarios.

El 22 de noviembre de 2010, con motivo de un acto presidencial en la fábrica Renault el filósofo Rubén Dri retoma un viejo trabajo suyo sobre los partidos y los movimientos. Refiriéndose al kirchnerismo, como el “nuevo movimiento nacional” nos dice:

“Ese movimiento que Néstor ponía en marcha es el que Cristina retoma. Muestra clara de ello es el primer acto público que realiza tras la muerte de su esposo, pues se dirige directamente a los obreros de la fábrica Renault. El líder y el pueblo en relación directa y dialogal por sobre las instituciones, característica fundamental de los movimientos”.

Dri ubica “astutamente” como hecho re-fundacional del kirchnerismo a un sector de la clase obrera industrial. Nos preguntamos nosotros, ¿estaba allí la Presidenta para proponer el control obrero de la producción de automóviles o para relanzar a la industria automotriz como punta de lanza de su modelo agro industrial exportador? En cambio el autor de la nota se pregunta: “¿Qué son, pues los movimientos?”. Argumentando que:

“Los movimientos están constituidos por vastos sectores sociales populares que constituyen lo que en nuestra práctica política hemos denominado siempre como campo popular. Hablamos de sectores populares más bien que de clases sociales porque en las sociedades en las que se conforman los movimientos populares no se dan, entre los diversos grupos sociales, los contornos nítidos que son propios de las clases sociales”.

Con esta afirmación podemos coincidir en buena medida aunque no completamente. Ella tiene validez para varias sociedades latinoamericanas pero, si hay una en particular que dista de tener esas características, tanto históricamente como en la actualidad, es la argentina. En nuestro país el capitalismo se desarrolló tempranamente delimitando bastante claramente a la burguesía y al proletariado. Aunque no alcanzó el nivel de un país altamente desarrollado, merced al carácter parasitario de su clase dirigente1.

Pero el análisis no debe limitarse a la estructura económico social sino tener en cuanta además otros factores.

La experiencia histórica

Los argentinos, al hablar de movimiento, inmediatamente hacemos referencia al peronismo y, sugerido por la construcción teórica de muchos intelectuales de esta corriente política, al yrigoyenismo. Por su parte, la historia de nuestra América nos remite al APRA2 peruano fundado en 1924 por Víctor Haya De la Torre con quien los padres del marxismo latinoamericano polemizaron duramente. El Arpa le llamó el joven revolucionario cubano Julio Antonio Mella y lo caracterizó como un “frente único en favor de la burguesía”. En tanto que Mariátegui escribía en Punto de vista antiimperialista: “Del APRA, concebida inicialmente como frente único, como alianza popular, como bloque de las clases oprimidas, se pasa al APRA definida como el Kuo Min Tang3 latinoamericano”. Es decir, criticaba la conversión del frente único en un movimiento poli clasista. También el varguismo en Brasil y el PRI4 en México, surgido éste más su derrota que de la revolución mexicana, pueden ser incluidos dentro de los movimientos populares de América Latina pero, invariablemente, todos tuvieron y/o tienen su dirección en la clase capitalistas. En una posición intermedia, pero sólo en sus orígenes, podemos incluir al MNR5 de Bolivia que tomó el poder mediante una insurrección que provocó pero que no dirigió. En sus primeros gobiernos se apoyó en los cuadros del trotskista POR, pero que terminó como el APRA peruano, con una posición política pro imperialista.

Distinto es el caso del Movimiento 26 de Julio en Cuba, y de las organizaciones que se fundaron por el ejemplo de la Revolución Cubana, cuyo líder no surgió de la estructura del aparato del Estado como Perón o Vargas, sino que se convirtió en líder de su pueblo a partir de la lucha irregular, primero en las ciudades y luego en las montañas, y como Jefe de una verdadera y profunda revolución terminó de consolidarse como líder del pueblo cubano y de la lucha revolucionaria en América Latina.

En cambio, el peronismo nació de arriba para abajo motorizado por un Coronel del Ejército –uno de los aparatos coercitivos del estado capitalista- verdadero líder del golpe militar del 4 de junio de 1943 que lo llevó a ocupar los cargos de Secretario de Trabajo, Secretario de Defensa y Vicepresidente de la Nación.

Este es otro de los rasgos consustanciales de los movimientos, su estructura verticalista. Las iniciativas van de arriba hacia abajo. “El líder interpretando al pueblo” pero la mera figura del líder no es de su exclusividad, ya que se presenta en los más disímiles casos, desde el socialismo hasta el fascismo pasando por la democracia liberal. Por ser así no se lo puede tomar, sin más, como un atributo positivo. Por el contrario, la experiencia ha demostrado ser una característica más bien negativa de los movimientos, sino se construyen canales democráticos de participación de las bases. El Movimiento 26 de Julio, consciente de esta limitación y de su carácter poli clasista, abordó la tarea de unificar las tres vertientes revolucionarias en un partido regido por el centralismo democrático. Esta concepción metodológica ha tenido una aplicación muy negativa en el PCUS6 y los partidos inspirados en él pero, su contenido democrático no se desdibujó completamente en la Revolución Cubana, por lo que en la actualidad la futura Conferencia del PC7 de este país tiene como objetivo fundamental discutir la separación del Partido y del Estado. Tomando el primero la educación ideológica de su pueblo y el segundo afirmándose como administrador de los bienes materiales de todos los cubanos.

En los años 70 no fue el movimiento peronista el que llevó adelante la lucha revolucionaria sino un movimiento popular revolucionario que no llegó a estructurarse como un frente, aunque hubo intentos en esta dirección, en el que participaban por igual partidos y agrupaciones políticas marxistas y peronistas. Y fue así porque no estaba limitado por la ideología de la conciliación de clases sino que se luchaba por el socialismo.

Y la segunda parte del falseamiento de esta historia dice: “los desaparecidos compañeros peronistas”, como hemos escuchado en más de una movilización. Además de falaz es sectaria ya que deja afuera a alrededor de la mitad de los caídos en combate, muertos y desaparecidos. Sólo contando los del PRT8, el ERP9 y la JG10 suman el 20 % (hemos publicado una lista con sus nombres y las fechas de caída o desaparición) y no es desatinado suponer un número similar en el resto de la izquierda.

La democracia y la participación de las bases

La hegemonía neoliberal puso de moda la palabra participativo. Palabra que nosotros manejamos con cierta reticencia ya que ha sido usada por los dirigentes de fuerzas política pro capitalistas como una forma de encubrir el verticalismo. Por esta razón nos gusta más hablar de democracia directa, asociada históricamente con las corrientes socialistas y revolucionarias.

Por nuestra experiencia, somos partidarios de construir partidos y frentes porque tanto unos como otros presuponen un programa (no se limitan a la voluntad del líder) y un mecanismo democrático para la resolución de su política. En la actualidad el protagonismo de las bases es lo fundamental, por ello, la tarea más revolucionaria, junto al debate de ideas, es la construcción de organismos de participación popular.

Por último, creemos que un frente, mucho más que un movimiento, se adecúa a la situación política actual de la Argentina, si estamos pensando en la lucha por verdaderas trasformaciones sociales que tengan al pueblo y a los trabajadores como sus hacedores. Un frente porque las fuerzas de izquierda están altamente fraccionadas, nuestra propia corriente, el guevarismo, está en un verdadero estado de pulverización, el peronismo obrero y revolucionario tiene muy poca visibilidad política pero, al igual que nosotros, es posible que resurja y se unifique. También el nacionalismo popular se encuentra dividido. Por estas razones se hace imperioso construir un amplio frente que contenga a los trabajadores y el pueblo en base a un programa transformador y a una metodología democrática. En ese frente deben militar los diversos agrupamientos políticos y sociales pero, además, se deberá forjar como una identidad superior a la suma de cada uno de sus integrantes, en la que los no agrupados tengan el mismo protagonismo que los que lo están. Un frente con sus propias organizaciones de base, que por métodos democráticos voten su política y elijan a sus dirigentes, desde los barrios, lugares de trabajo y estudio, las ciudades, hasta consolidarse provincial y nacionalmente. Pero, además, si somos capaces de construir un frente con esta dinámica de bases y una identidad de masas: el frente contiene y supera al movimiento.

No nos oponemos al surgimiento de nuevos líderes pero ellos deberán ser producto de la lucha y el protagonismo de las masas populares si queremos lograr el desarrollo económico del país, la plena ocupación de los trabajadores, condiciones dignas de trabajo y salarios que garanticen la realización plena de sus familias, una sociedad democrática con educación y salud para todos y todas son tareas inmediatas en la marcha hacia el socialismo en el siglo XXI.

La Rebelión de 2001 y el campo popular

Como en todo fenómeno social los productos de la Rebelión de 2001 presentan diferentes fases a veces contradictorias entre sí.

Agotado el primer impulso de la Rebelión con la masacre de Avellaneda y producto de la debilidad y los errores de la izquierda, dentro de los partidos del sistema, Néstor Kirchner con gran lucidez política interpretó correctamente el cambio de situación dando nacimiento a un renovado peronismo o kirchnerismo. Pero ese no fue el único resultado.

En un estado que podríamos designar como molecular observamos inmediatamente que otro de sus resultados fue que recuperamos el lenguaje marxista y revolucionario y dentro de él Santucho y los guevaristas retomamos la palabra

Hoy el debate entre el kirchnerismo y el guevarismo está planteado en los siguientes términos: ¿La burguesía nacional puede liderar un proyecto de capitalismo desarrollado e independiente? o ¿las tareas del desarrollo nacional sólo podrán concluirse con un proyecto liderado por los trabajadores? Los que desde el progresismo peronista responden afirmativamente a la primera de las opciones creen que el instrumento político es un movimiento nacional, los que nos inclinamos por la segunda opción seguimos sosteniendo como mucho más idónea la necesidad de la construcción de un gran frente de liberación nacional y social.

Pero aún en el supuesto y muy improbable caso de que los capitalistas logren algunos éxitos en el desarrollo de esta enorme tarea, la realizarían manteniendo y multiplicando la explotación. En cambio, si es liderada por los trabajadores, tendrá el sello de la clase obrera, borrará la explotación del hombre por el hombre, superando la enajenación capitalista, banderas que no han sido tocadas por la crisis del socialismo, las que de la mano de las nuevas juventudes revolucionarias, portadoras de las enseñanzas imperecederas del viejo Marx y el joven Guevara, flamearan henchidas de victoria.

Intervención de Daniel De Santis en la Charla Debate ¿Es posible Construir un Movimiento de Liberación Nacional y Social? organizada por el Movimiento Estudiantil Contragolpe de Córdoba- Viernes 9 /9/ 2011 – Facultad de Derecho – Córdoba Capital.


1 Ver: El hecho maldito del país burgués I. Daniel De Santis.

2 Alianza Popular Revolucionaria Americana.

3 Partido movimientista de la burguesía china, que fue aliado y enemigo del PC chico hasta su derrota por éste en 1949.

4 Partido Revolucionario Institucional.

5 Movimiento Nacionalista Revolucionario.

6 Partido Comunista de la Unión Soviética.

7 Partido Comunista

8 Partido Revolucionario del los Trabajadores.

9 Ejercito Revolucionario del Pueblo.

10 Juventud Guevarista.

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