ACERCA DEL CAMINO A CONSTRUIR. por Abel Bo

  ACERCA DEL CAMINO A CONSTRUIR
En su escrito Polémicas (I) con el nacionalismo, en el camino a construir ¿Un Frente Popular, un Frente de Izquierda o un Frente de liberación nacional y social? , Daniel De Santis hace una correcta defensa de una concepción socialista de la política, planteando claramente la diferencia entre una postura antiimperialista y una nacionalista. El motivo de la polémica, argumenta Daniel, es porque observa corrientes de lo que denomina “nueva izquierda” que “redescubren el peronismo. Para eso ensalzan un nacionalismo larvado y comienzan a aparecer exaltaciones de la simbología más cara al peronismo y al nacionalismo.” Nos internamos en este debate.

1.– Daniel se remonta en nuestra historia exponiendo cómo desde la corriente marxista revolucionaria que encabezó el Partido Revolucionario de los Trabajadores  – el guevarismo – se valoró correctamente el surgimiento desde fines de los años ’50, de una vertiente revolucionaria, antiimperialista y con planteos socialistas en el seno del peronismo.
Punto de partida de esa vertiente fue John William Cooke a partir de cuyos planteos se gestó más adelante la llamada Tendencia Revolucionaria que dio nacimiento a diversos destacamentos: la Acción Revolucionaria Peronista del propio Cooke, el Frente Revolucionario Peronista, el Movimiento Revolucionario 17 de Octubre, el Peronismo de Base, las Fuerzas Armadas Peronistas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias y Montoneros (después unificados como Montoneros).
El PRT, una de cuyas vertientes fundadoras fue Palabra Obrera (la otra fue el Frente Revolucionario Indoamericano y Popular), que durante varios años antes había desarrollado una política de lo que se denominó “entrismo” (actuó como “corriente trotskista del peronismo obrero revolucionario”), asumió una clara postura ante el peronismo como movimiento de masas, de abierta crítica a su conducción burguesa y burocrática y desarrolló muchos intentos unitarios respecto a las corrientes de la Tendencia Revolucionaria. Esa posición ideológico-política la maduró luego de su ruptura con la vertiente economicista y espontaneísta (así caracterizada por el PRT) en 1968. Y sobre todo, a partir de los documentos El peronismo (publicados en El Combatiente en 1971) y Poder burgués, poder revolucionario (Mario R. Santucho 1974).

 2.- En la base de la concepción perretista está la caracterización del peronismo en el gobierno como un régimen de tipo bonapartista que englobaba en una política populista de conciliación de clases, a un poderoso movimiento obrero – su “columna vertebral” – dirigido por un caudillo político-militar que estableció una fuerte dirección verticalista de claro contenido capitalista. En resumen, por su base obrera y su dirección burguesa, en el peronismo siempre se desarrollaba una forma larvada o abierta de lucha de clases interna. Y en esa dinámica se originaban corrientes como las de la Tendencia Revolucionaria.

3.– El peronismo siempre enarboló desde sus orígenes consignas nacionalistas: “independencia económica” y “soberanía política” en su lema fundacional de “la patria justa, libre y soberana”; “Braden o Perón” en su primera disputa electoral (1946), las que combinó oportunamente con la de “ni yankys ni marxistas, peronistas”, y con la “tercera posición” frente a “los dos imperialismos”; hasta la de “Liberación o dependencia” (en la campaña electoral de 1973 cuando retornó al gobierno tras 17 años de proscripción). Incluso en este breve período previo a su regreso, Perón llegó a enunciar el “socialismo nacional”.
Desde el movimiento obrero, los Programas de La Falda (1957) y Huerta Grande (1962), las propuestas programáticas fueron aún más definidas, reclamando la nacionalización de la banca, del comercio exterior y el desconocimiento de la deuda externa (de aquella época). Si se repasa estos programas hechos desde la oposición a regímenes antiperonistas y se los proyecta a la actualidad, bien puede decirse que son una plataforma de inicio de transformaciones potencialmente revolucionarias. Esos programas nunca fueron puestos en marcha cuando el peronismo retornó al gobierno.

4.– Diez años de sus primeros dos gobiernos (1946-55), tres años de gobierno en su regreso tras la proscripción (1973-76) y veinte años más (1989-99 con el menemato y 2003-13 con el peronismo kirchnerista), son un período histórico suficientemente extenso como para valorar de qué se trata el nacionalismo peronista. El peronismo en 33 años en el gobierno, siempre sostuvo el sistema capitalista, sin perjuicio de haber sostenido fuertes controversias políticas y económicas con determinadas políticas del imperialismo norteamericano y europeo. Incluso, poco tiempo después de haber confrontado electoralmente con la coalición apoyada por el embajador yanky Sprullie Braden, el primer gobierno peronista suscribió el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (1947), instrumento diplomático militar que dio cobertura al intervencionismo militar norteamericano.

5.– En el debate planteado, Daniel reivindica los esfuerzos frentistas y unitarios desarrollados por el PRT en relación a las bases obreras peronistas y las organizaciones de la Tendencia Revolucionaria del peronismo de aquel entonces. Además de coincidir con esta valoración histórica, cabe agregar como necesario balance, que esa unidad no fructificó en la medida de la pretensión perretista. En el Frente Antiimperialista y por el Socialismo promovido por el PRT en 1973, la única de las organizaciones peronistas que se integró fue el FRP. En ese período de auge, nunca se concretó una unidad entre el Movimiento Sindical de Base, una corriente clasista impulsada por el PRT, y la Juventud Trabajadora Peronista, la fuerza sindical impulsada por Montoneros. Sí hubo unidad entre el PRT y el Peronismo de Base en muchas listas sindicales comunes. Y en las recordadas acciones armadas conjuntas con las FAR (Rosario, abril 1972) y la toma y fuga del penal de Rawson (agosto 1972) junto a FAR y Montoneros (esta última, solo con la participación de los prisioneros). En el momento más alto del auge de aquella época revolucionaria (las jornadas de junio/julio 1975), cuando la crisis política y económica del régimen fascistoide de Isabel Perón-López Rega reclamaba un esfuerzo unitario decisivo para torcer el rumbo de las luchas de clases a favor del movimiento obrero y popular, Montoneros y PRT marchaban por carriles separados. Los acuerdos PRT-Montoneros-OCPO (Organización Comunista Poder Obrero) que configurarían la OLA (Organización para la Liberación de Argentina) llegaron tarde en relación a los acontecimientos. Y, peor aún, no pasaron por la experiencia práctica, ya que luego de la caída de tres integrantes de la dirección del PRT (Santucho, Urteaga, Menna) el 19 de julio de 1976, la dirección de Montoneros desactivó definitivamente la continuidad de esa unidad.

6.– Proyectadas aquellas experiencias históricas a la actualidad y siguiendo en la línea del debate planteado por Daniel ante el hecho que “algunas agrupaciones de la llamada ‘nueva izquierda’ se preparan para realizar su cosecha y redescubren el peronismo. Para eso ensalzan un nacionalismo larvado y comienzan a aparecer exaltaciones de la simbología más cara al peronismo y al nacionalismo”, cabe hacerse además, la primera pregunta: ¿Existen hoy fuerzas políticas dentro del peronismo que expresen planteos antiimperialistas y anticapitalistas?
Esta pregunta es imprescindible, porque de su respuesta depende directamente la posibilidad que fuerzas socialistas y revolucionarias se propongan una acción unitaria. Sin dudas, podemos afirmar que no existe nada parecido a lo que fueran las agrupaciones de la TR. Los diez años de peronismo K no dejan lugar a dudas. Dentro del oficialismo coexisten variadas corrientes políticas y algunas de ellas, manifiestan su inconformismo con el rumbo político-económico impuesto por su jefatura. Pero no se debe caer en la fantasía de ver aquellas tendencias que en los ’70 confrontaron con la jefatura de aquel entonces, en la participación de personas que 40 años atrás integraron aquella corriente (cosa que ocurre también individualmente con antiguos militantes de otras corrientes, incluyendo a personas que pertenecieron al PRT). Tampoco existen hoy en el movimiento obrero, corrientes peronistas que remeden a las que en los ’60 y ’70 desarrollaron posturas antiburocráticas y clasistas. Por lo tanto, esta posibilidad no existe en la realidad actual.

7.– Ahora bien, en la actualidad sí existen numerosos agrupamientos que sin tener su origen en el peronismo, intentan incursionar en política asumiendo esos legados nacionalistas a los que Daniel hace referencia y entabla el debate. Que tales tendencias se presenten como una “nueva izquierda” que supuestamente “contacta con lo nacional y popular”, no tiene nada de novedoso, más allá de su autodenominación. Esas modalidades ya se practicaron desde fines de los ’50 y se desplegaron durante toda la época del auge hasta 1975. Distintas denominaciones adquirieron: “entrismo”, “izquierda nacional”, “izquierda popular”, “nacionalismo popular”, etc.
Dice Daniel que tras la Rebelión del 2001 que abrió un nuevo período histórico hay “nuevas situaciones (que) exigen nuevas y renovadas respuestas”. Precisamente tomando este planteo es que formulamos el interrogante político acerca de las características de estos agrupamientos que asumen consignas y simbología del nacionalismo y el peronismo.

8.- Siguiendo con el planteo de Daniel, que diferencia claramente qué significa antiimperialismo al cual no debe confundirse con nacionalismo, cabe una segunda pregunta: ¿existe hoy una cuestión nacional pendiente en Argentina que motive una plataforma antiimperialista?
Respondemos definitivamente que si. No se trata de que nuestro país no se haya constituido como Nación, porque claramente Argentina lo es. Argentina es un país capitalista dependiente, caracterización originaria hecha por Lenin hace un siglo, en su célebre El imperialismo, fase superior del capitalismo. Tanto el imperialismo a escala mundial como el capitalismo argentino (y de todos los países latinoamericanos) han sufrido profundas modificaciones. El imperialismo sigue existiendo con mucha fuerza, contrariamente a la fantasía seudo-teórica elaborada por ideólogos negacionistas de este sistema con el argumento de sus modificaciones. La dependencia ha adquirido nuevas características y, podemos afirmar, se ha profundizado. La extranjerización de la economía nacional se incrementó incluso tras la restauración constitucional de 1983 y aún más, en la última década del gobierno nacional y popular. Precisamente este fenómeno pone de relieve el contenido real de las políticas denominadas nacionales y populares. En el período de mayor crecimiento de las fuerzas productivas (casi se duplicó el PBI en menos de una década), al mismo tiempo en que se amplió el marcado interno y se recuperó gran parte del empleo, la dependencia se profundizó. Y esto no ocurrió solamente en Argentina, sino en toda la región, al punto que asistimos a un proceso que bien se ha denominado de recolonización continental. Este proceso ha sido puesto en cuestión de variadas formas políticas y económicas, a partir de la Revolución Bolivariana iniciada por Hugo Chávez en Venezuela, pero no ha sido resuelto. Una situación política análoga – pero no igual – surgió en Bolivia a partir de la asunción de Evo Morales. En ambos países y pueblos sí existen políticas antiimperialistas y una postura política independiente cuyo desenlace está aún inconcluso.
En nuestro país, esto ha ocurrido simultáneamente con las acciones del gobierno que, para desligarse de los condicionamientos del capital financiero, llegó a pagar íntegramente la deuda con el FMI, inventando el slogan del “desendeudamiento”, propagandizado como bandera nacionalista. Ironías de la historia, se trata del mismo movimiento político que había enarbolado aquella atractiva consigna de “Liberación o dependencia”. Este proceso se ha dado bajo el impulso de un fuerte intervencionismo estatal, lo que también pone de relieve las características de un gobierno nacional y popular al mando del Estado capitalista.
Hay mucho más para abundar en este tema. Lo que debe quedar claro en este debate, cuáles son las raíces históricas y económicas de esta ideología nacional-popular, para no reiterar los errores que alerta el escrito de Daniel. Y para fundamentar por qué un planteo antiimperialista solo puede ser tal, si se parte de un punto de vista antagónico con el capitalismo, un punto de vista socialista.

  9.– Otro punto interesante que plantea Daniel en su título es el enunciado “¿Un Frente Popular, un Frente de Izquierda o un Frente de liberación nacional y social?” Aunque no desarrolla este tema en el escrito caben las siguientes aclaraciones.
Frente Popular fue la denominación política que las izquierdas reformistas de origen stalinista (y algunas socialdemócratas) impulsaron desde los años ’30 del siglo pasado ante el advenimiento del nazismo, luego del fracaso de haber adoptado políticas ultraizquierdistas que habían considerado erróneamente como enemigos a partidos socialdemócratas de amplia base obrera. En un franco viraje derechista, el frentepopulismo practicó una política de colaboración de clases con fuerzas de la burguesía que caracterizaba como democráticas y que significó la subordinación de la clase obrera a esas fuerzas y que, una y otra vez, la llevó a la derrota. En Europa, la subordinación era a fracciones burguesas opuestas al nazi-fascismo y en América Latina, a lo que denominaban burguesías nacionales y suponían que serían la cabeza de procesos antiimperialistas. Valga en este punto muy importante para nuestra historia política, recordar que el Partido Comunista argentino consideró al surgimiento del peronismo como una vertiente fascista y concretó su planteo frentepopulista con una alianza con la Unión Democrática, coalición de conservadores y radicales apoyada por stalinistas y socialdemócratas. Aquí, el colaboracionismo de clases propagandizado como “democrático y antifascista”, se concretó en una alianza reaccionaria con la oligarquía pro-imperialista. Ironías de la historia, cuatro organizaciones de esta vertiente política están integradas al actual gobierno.
Frente de Liberación Nacional y Social fue la denominación que adquirieron en Asia, Africa y América latina, numerosos movimientos emancipatorios de orientación revolucionaria, tomando como postulado el concepto de Frente Antiimperialista formulado por Lenin tras el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917, como estrategia para los partidos revolucionarios que actuaban en el mundo colonial y dependiente. En Argentina de los años ’70, el FAS fue un proyecto de estas características.
Frente de Izquierda es un enunciado que puede ser considerado, por lo menos, de dos maneras. Una es como se da en la actualidad en lo que es el FIT (Frente de Izquierda y los Trabajadores), un acuerdo político para la intervención electoral por parte de tres partidos. En su Manifiesto político electoral (25/9/13), el FIT con propuestas de reivindicaciones obreras y populares, planteó que “Utilizaremos la tribuna electoral para fortalecer la lucha, al servicio de las huelgas y la movilización extraparlamentaria en las calles de los trabajadores y la juventud, y como un medio más para el objetivo estratégico de derrotar a los capitalistas y su Estado mediante la revolución social”.
El FIT es un acuerdo restringido a tres partidos de dos vertientes trotskistas: el Partido Obrero (continuidad del grupo Política Obrera de los años ’60) y el Partido de los Trabajadores Socialistas e Izquierda Socialista, provenientes del tronco común del Movimiento al Socialismo (MAS), que en los años ’80 fue la continuidad del Partido Socialista de los Trabajadores, surgido tras la ruptura en 1968 del originario PRT. Si bien el FIT tuvo un importante desempeño en las últimas elecciones de 2013, en sus dos años de existencia, no se concibe como abierto a otras organizaciones ni como un frente de masas donde participen organismos de base que permitan integrar el importante caudal electoral popular obtenido.
Otra forma de plantear lo que genéricamente se puede denominar “frente de izquierda” es retomar el antiguo planteo de los revolucionarios que, formando parte de diversas organizaciones y concientes de la debilidad provocada por esa dispersión, plantearon constituir un Frente Único Revolucionario en la perspectiva de construir un partido revolucionario unificado. Esa fue precisamente la experiencia del PRT fundado en 1965 a partir del frente único FRIP-PO y ese fue el intento truncado del frente PRT-OCPO-Montoneros. Hubo también otras experiencias de otras corrientes políticas con objetivos similares, que tampoco dieron su fruto. Es menester aclarar que la conformación de un frente revolucionario no se contrapone sino que se complementa, con la de propiciar un Frente Antiimperialista, propuesta que abarca otras corrientes políticas y como expresión de la alianza de la clase obrera con todos los sectores populares oprimidos.

10.– De una u otra forma, lo esencial para todo este esfuerzo, es la inserción de estas propuestas en las bases trabajadoras, ya que el predominio de la ideología burguesa dominante, a pesar de sus reiteradas crisis políticas, asfixia y frustra la gestación de una alternativa revolucionaria arraigada en los múltiples movimientos de masas. En nuestro punto de vista, es necesario recorrer un nuevo camino de unificación de las agrupaciones y organizaciones que tengan como meta un horizonte antiimperialista y socialista.
En el camino a construir planteado, como propone Daniel, este debate de ideas acerca de contenidos ideológicos, programas políticos y formas organizativas es una necesidad impostergable.

Abel Bo, enero 2014

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