“¿Cómo se defiende a la Revolución Cubana?” MIL BATALLAS POR EL SOCIALISMO SON LAS RAZONES PARA DEFENDERLA

“¿Cómo se defiende a la Revolución Cubana?” – Respuesta a la pregunta del PTS

MIL BATALLAS POR EL SOCIALISMO SON LAS RAZONES PARA DEFENDERLA

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El inmenso prestigio de la Revolución cubana entre nuestras masas populares ha logrado, en los últimos días, dos cosas extraordinarias: la primera, que en el debate presidencial del domingo 4/10, Nicolás del Caño propusiera al sistema educativo cubano como modelo para nuestro país;la segunda: que el PTS respondiera por primera vez a una nota escrita por un compañero de nuestra organización que cuestionaba las declaraciones de Del Caño en Intratables, en las que condenó a la revolución cubana.

Por supuesto que Del Caño, en el debate presidencial, separó al sistema educativo cubano, “producto de la revolución socialista, del régimen político”, con el que no está de acuerdo. Se trata de un absurdo difícil de explicar porque para cualquier mortal resulta claro que ese sistema educativo es un producto de tal régimen político, y que la Revolución Socialista no es una entelequia que cayó del cielo, sino un producto de la lucha revolucionaria de los trabajadores y el pueblo cubanos, dirigidos por Fidel y Raúl Castro, el Che Guevara y Camilo Cienfuegos.

Evidentemente, el PTS admite que hubo revolución socialista y, por lo tanto, que alguien la dirigió. Es decir: hubo en 1959 una dirección revolucionaria que luego se burocratizó. Lo primero que habría que preguntarse es cuando, a partir de qué momento, consideran que se operó tal cambio en la orientación de la dirección cubana. Al respecto, la nota del PTS señala que es verdad queCuba tuvo momentos de apoyo concreto a luchas de naciones oprimidas y por el socialismo, como también que Fidel Castro le recomendó a Daniel Ortega que en Nicaragua “no hagan otra Cuba”, y que aplaudió la invasión por parte de la burocratizada URSS a una Checoslovaquia que se rebelaba por izquierda”. Cuba rechazó el retiro de los misiles que Kruschev pactó con Kennedy en la crisis del ´62;  fundó la Tricontinental y exigió a la URSS el apoyo militar a las luchas de los pueblos oprimidos; desarrolló, en abierto desafío a la burocracia soviética, un plan de expansión de la revolución mundial cuyo más conocido episodio fue la campaña boliviana del Che; envío un ejército internacionalista a Angola que fue clave a la hora de derrotar al régimen nazi sudafricano; y vive enviando médicos al mundo entero, pagados por el pueblo y el estado cubanos. La recomendación de Fidel a Ortega no prueba nada y el carácter izquierdista del levantamiento checoslovaco está por verse: en todo caso el PTS, partido surgido de una ruptura del MAS, no tiene buenos antecedentes a la hora de juzgar ese tipo de hechos, toda vez que su antepasado político celebró la caída del muro de Berlín como un episodio de la revolución política contra la burocracia… En aquel momento, el PTS debería reconocerlo, Fidel Castro acertó, y en soledad dentro del bloque socialista denunció como restauradora  a la política de Gorbachov desde el principio. Es decir: en el momento ideal para abrir el camino a la restauración, la dirección cubana denunció y resistió tal retroceso con uñas y dientes. Raro “restauracionismo” el suyo. En todo caso, objetivamente menor que el del MAS.

Unido a esto, lo segundo es establecer la inevitabilidad de la burocratización en un país atrasado que construye el socialismo. Tal idea surge del propio planteo de León Trotsky sobre la raíz del fenómeno de la burocratización. Trotsky pone claramente en segundo plano los factores subjetivos y en primer plano los objetivos: el atraso económico, el aislamiento en el mercado mundial, etc. Tal es la base del desarrollo inevitable de la burocracia y la única manera de combatir este fenómeno propio del proceso de transición es romper sus bases económicas mediante la expansión de la revolución. Como hemos demostrado en el párrafo anterior, la política internacionalista de la revolución cubana está fuera de dudas, antes y después del asesinato del Che. El PTS puede estar en desacuerdo con las características de tal política, pero no puede negarla. Los hechos son más tozudos que las palabras.

Es justamente por eso que el artículo de nuestro compañero acusa al PTS de stalinismo: exigirle una política de continuo avance hacia el socialismo choca contra los límites nacionales que la realidad del proceso revolucionario mundial ha impuesto a la revolución cubana. Los retrocesos son inevitables, lo que hay que determinar es si la dirección del proceso se ha vuelto un agente de la política restauradora, como en China, o trata, por el contrario, de obstaculizarla, reteniendo en manos del estado obrero el control de la economía y de las decisiones políticas y económicas. Al respecto, el PTS contradice su propia argumentación cuando sostiene que Si bien se entiende la necesidad que pueda tener la pequeña Cuba de tener relaciones “normales” con su vecina nación, principal economía del mundo, sería de una peligrosa ingenuidad la subestimación del poder que el restablecimiento de relaciones comerciales, en una posición de tanta desigualdad. Que esto es la punta de una cuña, desde la que el empresariado norteamericano intentará presionar para una apertura total del mercado es algo más que esperable.”Efectivamente, pero: ¿qué tiene esto de extraño? ¿Debe Cuba seguir bloqueada y aislada del mundo, construyendo el socialismo en un solo país? Perdón compañeros, pero ustedes conocen perfectamente el nombre del autor de semejante absurdo. De pasada, digamos que esto demuestra que el PTS no cree que esté tan avanzado el proceso restaurador en el terreno de la economía, si como sostiene, esto es recién la punta de una cuña. Además, más adelante, afirma “Lo que se exige como contraprestación no es más ni menos que lo que es, a nuestro entender, la principal conquista de la Revolución Cubana de 1959: la economía nacionalizada y la planificación económica sin injerencia del imperialismo”. Es decir: que todavía existen en Cuba, según el PTS, a 24 años de la disolución de la URSS, la economía nacionalizada y la planificación económica sin intervención del imperialismo. Repetimos: extraño restauracionismo el de la burocracia cubana…

Pasemos ahora al contenido del acuerdo: según el PTS, “incluye desde las telecomunicaciones, el establecimiento de los cuerpos diplomáticos en cada país, la resolución sobre el territorio ocupado por EE.UU. en Guantánamo, el estatus de “país terrorista” en el que Estados Unidos tiene catalogado a Cuba y, más de fondo, el bloqueo económico de conjunto y el régimen político en la isla”. De todo esto no parece surgir nada desfavorable para Cuba socialista. Si además tenemos en cuenta que el acuerdo fue precedido por la liberación de los 5 Héroes a cambio de nada, como gesto de buena voluntad para abrir negociaciones serias, uno encuentra que las cosas ocurrieron al revés de lo que dice el PTS: se trata más de una concesión de un sector de la burguesía imperialista norteamericana, representada por Obama, interesada en restablecer las relaciones comerciales con Cuba, que de una capitulación cubana. No entenderlo así es no entender nada de política, pero eso ya es otra cosa.

En el listado que el PTS enumera aparece sí lo que sería una concesión: el cambio del régimen político, pero en eso el PTS coincide objetivamente con el imperialismo, en la medida en que exigen una democratización de Cuba y se burla del carácter democrático del régimen cubano que señala nuestro compañero en su nota. Podrán afirmar que el contenido de tal democratización no es el mismo que el que propone EEUU, pero lo cierto es que el único contenido posible, en términos prácticos, es ese: la restauración de la democracia burguesa. Efectivamente, en los 56 años de la revolución cubana no surgió ni se desarrolló oposición alguna al régimen político por izquierda. La única oposición que ha surgido en Cuba ha tenido un carácter derechista y proimperialista, y sería la única fuerza práctica beneficiaria de la “democratización”. El carácter represivo del régimen cubano está marcado por la necesidad de combatir a esta oposición de derecha, de la misma manera en que Lenin y Trotsky ilegalizaron a los partidos soviéticos (socialistas revolucionarios, mencheviques y anarquistas) al ritmo en que se aliaban con la contrarrevolución. El carácter represivo del régimen cubano tiene un sentido revolucionario, absolutamente opuesto al del stalinismo: aquel se construyó sobre la base del aplastamiento de la heroica oposición de izquierda, que pagó con la tortura, la muerte y el exterminio en los campos de concentración su lealtad a Octubre y a las ideas de Lenin y Trotsky. La política del PTS, tal como está planteada, conduce a entregar Cuba a las damas de blanco, demostrando no haber aprendido nada de los errores de sus antepasados de 1989…

Tampoco la existencia de un régimen de partido único puede ser el indicador con el cual medir la democracia cubana. Con ese criterio, habría que condenar al régimen soviético bajo la dirección de Lenin y Trotsky. Por supuesto que el dogma del partido único es un engendro stalinista, pero tampoco se trata de elevar a dogma la idea opuesta. De hecho, varios países del bloque socialista en Europa del Este tenían regímenes pluripartidistas. Lo cierto es que en Cuba no existe exigencia alguna de democratización por parte de las masas, simplemente porque, lo reafirmamos, se trata de un régimen infinitamente más democrático que cualquier democracia burguesa, y las masas apoyan al partido Comunista, con todos sus defectos y virtudes, y a la revolución. De pasada, recordemos que en el 2002, ante la exigencia de Bush de modificar la Constitución, el pueblo cubano respondió con un movimiento de masas, y se juntaron más de 8 millones de firmas reales, que respaldaron la introducción en la Constitución de la irrevocabilidad del carácter socialista de la Revolución.

Finalmente, celebramos el hecho de que el PTS por fin se haya dignado a presentar respuesta. Repetimos que no es mérito nuestro, sino producto del prestigio popular de la revolución cubana: a la gente le resulta raro esto de que un partido de izquierda no apoye a Cuba, han medido eso y han salido a contestar. Antes de la campaña electoral, y envueltos en su sectarismo autoproclamatorio, no se dignaron a entablar la discusión respecto a otros documentos orgánicos ligados a nuestra propuesta de unidad de la izquierda y que abrieron una discusión franca y profunda con el PO e IS (Ver Carta abierta a los comités centrales y a la militancia de las organizaciones que integran el FIT: PO, PTS e IS). Para victimizarse, llaman insultos a los argumentos políticos e históricos con que respondemos a sus mentiras permanentes sobre el proceso revolucionario de los ´70, mentiras que esconden detrás del posmodernamente pomposo título de “cuarto relato”, suficientemente rebatidas por nuestro compañero Daniel De Santis (ver Polémicas III). Los que acusan  a la tradición política de la que provenimos, el PRT, poco menos que de despreciar a la clase obrera y enviar a la muerte a su vanguardia (muerte con la que, por otra parte, pagaron su compromiso revolucionario el propio Mario Santucho y miles de nuestros mejores militantes), llaman insulto al legítimo intento de transmitir a las nuevas generaciones la verdad tergiversada por ellos (ver El PTS escribe la historia con la pluma del enemigo).

Por último, queda responder las chicanas políticas de baja estofa relativas a nuestro apoyo a Solanas en 2011 y al FIT en la actualidad. Nuestro apoyo a Solanas en la ciudad de La Plata se hizo sobre la base de un control absoluto sobre la campaña por parte de nuestra organización, y de un programa que aun hoy seguimos reivindicando y que el propio Solanas abandonó. No éramos por entonces una organización nacional y, por otra parte, el recién nacido FIT ni siquiera nos prestaba atención. En 2015 sostuvimos una discusión con los compañeros del PO e IS que permitió un acuerdo para integrar la lista Unidad en las PASO, que fue dinamitado por el PTS y su reclamo de vetar a los candidatos extra FIT (ver El PTS se reserva el derecho de admisión). Apoyamos al FIT, nuestro deseo es que la izquierda alcance una cifra electoral que consolide su existencia política. Pero desde allí seguiremos combatiendo el sectarismo de los epígonos de León Trotsky, que por supuesto tenía razón, junto a nuestro compañero Rodolfo, contra el PTS.

Comité Ejecutivo – Juventud Guevarista de Argentina
Buenos Aires – Miércoles 7 de Octubre de 2015

http://www.juventudguevarista.com.ar/

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