Balance del kirchnerismo y tareas para los revolucionarios en la etapa que se viene.

Elecciones Nacionales 2015

El domingo 25 de octubre, el kirchnerismo, tras 12 años de gobierno como expresión política de una alianza de clases y sectores dirigida por la burguesía argentina, dejará el sillón presidencial. ¿Qué tareas llevó adelante este sector desde el 2003?¿Qué “etapas” se vivieron en estos 12 años?¿Qué significa la consagración de Scioli como candidato único del FPV y qué buscará en caso de ser elegido presidente?¿Cómo debemos actuar quienes aspiramos  a terminar con el sistema capitalista para construir una sociedad de iguales en nuestro país y el mundo? Desde la Juventud Guevarista consideramos que responder a estos interrogantes es fundamental para encarar con claridad y convicción la nueva etapa política que se avecina.

La “salvación nacional”

Sin conocer el principio no se puede entender el final. El gobierno surgido en mayo de 2003 afrontó una de las situaciones más críticas que le tocó vivir a las clases dominantes en nuestra historia. En ese entonces, la crisis de legitimidad del régimen político era total, y la falta de confianza del pueblo con las propuestas burguesas y las instituciones del Estado era rotunda. Néstor Kirchner fue el presidente electo con menos votos desde la vuelta de la democracia y lo logró teniendo como consigna de campaña “Por un país en serio” y planteando como fórmula político-electoral la transversalidad contra los partidos políticos tradicionales (lo cual terminó consagrádandose en el Frente Para la Victoria).

El gobierno de Kirchner, apoyándose en los recursos provenientes del no pago de la deuda externa (decretado por RodríguezSaá en su breve gobierno) y de las retenciones a la renta extraordinaria del campo –en un momento de auge de los precios de las materias primas (medida tomada por Duhalde en 2002), se preocupó por recomponer la estabilidad capitalista. Esto último constituye el logro más importante y con mayores consecuencias a largo plazo de este gobierno, y pueden destacarse tres medidas estratégicas tomadas en ese sentido: la desarticulación de la resistencia y la organización popular, expresada en los años previos, fundamentalmente, por el movimiento piquetero; la recuperación de la legitimidad del Estado burgués y sus instituciones (Congreso, Poder Judicial, Partidos Políticos, fuerzas represivas, etc.); la consolidación de la dependencia de la económica argentina (como proveedora de bienes primarios para exportación) dictada por el capital imperialista. Ante este proceso, destacamos la incapacidad de las organizaciones de izquierda para aprovechar la crisis y consolidar en la conciencia de las masas una salida política anti-capitalista.

La utopía capitalista del desarrollo independiente

La alianza inter-burguesa continuó en 2007 y se expresó en la fórmula “Concertación plural”, encabezada por Cristina Fernández y el PJ, y secundada por Julio Cobos y un sector importante del radicalismo. Se concretó, en esa ocasión, la vuelta a las estructuras políticas tradicionales del peronismo y radicalismo, las dos corrientes burguesas de base popular más importantes de la historia, que lograron un triunfo compartido.

En 2008, los sectores más lúcidos de la burguesía nacional buscaron profundizar el esquema de transferencias de recursos del campo a la industria aumentando el porcentaje de retenciones a las exportaciones provocando el conocido conflicto de la Resolución 125. Esta medida buscaba, en el mejor de los casos, aumentar la cantidad de dólares en manos de la industria para que, mediante la promoción del Estado, los nuevos grupos económicos se insertasen en la estructura productiva para desarrollarla. La disputa entre las clases dominantes volvió a aparecer en la sociedad argentina, y la burguesía nacional tradicional, dueña de la tierra y de los monopolios consolidados desde la última dictadura, quitó su apoyo al gobierno y trabajó para su debilitamiento. Objetivamente, se le estaban restando ganancias extraordinarias para impulsar al otro sector burgués (el cual le disputaría sus lugares conquistados en la estructura productiva). El fracaso del gobierno y la crisis política que le siguió, significó la derrota estratégica de este proyecto de la burguesía nacional.

Pero, tras esta derrota, los Kirchner no perdieron el mando del Estado. Con gran sagacidad política volvieron a un esquema de concesiones que les permitió consolidarse para recomponerse y esperar una mejor situación. El gobierno adoptó un programa de medidas reformistas y otras de carácter social para recuperar apoyo popular. Pueden mencionarse, entre estas, las medidas anti cíclicas en la crisis internacional del 2009, la Ley de Medios, Futbol Para Todos, el Matrimonio Igualitario yla Asignación Universal por Hijo. El cuadro se completa con la elección de dos enemigoscargados de simbolismo: el grupo Clarín y el Poder Judicial.

La sintonía fina en el final de una etapa

En la fase descendente de estos doce años, las limitaciones para el desarrollo económico del modelo empezaron a sentirse cada vez más entre los trabajadores. Desde 2012, recrudecieron las protestas sociales y, con Berni a la cabeza, crecieron las represiones. El modelo tuvo además un garante militar: el denunciado por violación de los DD.HH., César Milani (quien terminó renunciando).

Consciente de las dificultades estructurales, el kirchnerismo impulsó una serie de medidas económicas y sociales que le garantizaron terminar su gobierno de la mejor manera posible: estatización parcial de YPF, modernización de los sistemas legales (nuevos Códigos Civil, Penal y Comercial), emisión y toma de deuda externa, fortalecimiento de la relación con China y devaluación para re-impulsar la exportación, entre otras.

El equilibrio burgués

El oficialismo sabe mejor que nadie que, concentrando un poder político que lo vuelva indispensable para las clases dominantes, garantiza la posibilidad de un acuerdo entre las fracciones inter-burguesas, para su integración a la estructura productiva. Para abrir el escenario a esa posibilidad tiene que expresar un modelo limitado a un proyecto nacional capitalista en el marco de la dependencia, ya sin aspiraciones de transformaciones en la cotidianeidad del pueblo ni de relativa independencia de las burguesías imperialistas.

Muestra clara de esta búsqueda son las candidaturas de un menemista de la primera hora como Daniel Scioli para la presidencia y de un duhaldista ultra pragmático como Aníbal Fernández para Gobernador de Buenos Aires. Estas figuraspodríanlograr el consenso entre las clases dominantes para que, en momentos de grandes dificultades económicas como los que se avecinan, puedan sostenerse y, por qué no, se agrande la tasa de ganancia de los capitalistas.

Es estremecedor observar que en estas elecciones presidenciales, de forma tal vez más evidente que en las de los últimos diez años, los 3 principales candidatos no tienen grandes diferencias, y en elecciones como la de Capital Federal nos vimos frente a un ballotage con dos opciones de derecha. Todo lleva a concluir que se viene un fuerte ajuste económico y, como todo gobierno que mantiene las condiciones de dominación capitalista, el gobierno entrante hará que lo paguemos quienes vivimos de nuestro trabajo.

La burguesía, mientras sostiene sus diferencias y contradicciones, apela a que gane quien gane, se garanticen las condiciones de acumulación del capital y -con mayor o menor crueldad- el disciplinamiento de las clases subalternas. Que las campañas presidenciales de 2015 estén siendo superfluas y vacías de discusión política no es una casualidad y responde, por una parte, a que si se escarba un poquito, ninguno de los candidatos principales pasa la prueba de no haber sido parte de los 90, y por otra parte, a que las diferencias son de grado y no de contenido; mientras menos política se discuta, mejor.

Qué hacer

En el marco de una elección como la de las PASO, que afianzó el giro derechista de todo el espectro político dominante, el FIT quedó ubicado entre las seis listas que disputarán la elección presidencial y tiene posibilidades de ampliar su actual participación en el Congreso.

Que el triunfo de la interna haya sido del PTS implica para quienes intentamos participar este año de este armado electoral una continuidad del encierro del frente en agrupamientos trotskistas, como si esa tradición monopolizara el universo de la izquierda. Por otra parte, si ampliamos la mira, el panorama no es alentador; el FIT aumentó su caudal sólo en 200.000 votos del 2011 al 2015, pese a tener más acceso a los medios y en el marco de lo que podríamos bien llamar “crisis” del kirchnerismo y de sus expresiones más progresistas.

Sin embargo, la lista del FIT es la única que no representa una variante de un proyecto político encabezado por la burguesía. A pesar de su sectarismo, no nos es indiferente el resultado de su elección y vamos a apostar a que obtenga el mayor apoyo posible entre el pueblo, para consolidar así, aunque sea mínimamente, un proyecto que plantea la necesidad de una salida anti-capitalista.

Hace apenas unos días las empresas automotrices anunciaron que están esperando el cambio de gobierno para avanzar con las suspensiones de personal en una industria que ya cerró 15 mil puestos de trabajo en los últimos años. Se anuncian presiones para devaluar, se busca endeudar mucho más el país y se exige cada vez más reducir el poder de compra de salario. Nada de esto es bueno para quienes vivimos de nuestro trabajo. No sabemos si ganará Scioli, Macri o Massa las elecciones del próximo 25 de octubre, pero sí sabemos quiénes perdemos: los trabajadores y trabajadoras.

En estas elecciones el gran déficit de los revolucionarios es no haber construido una propuesta de gobierno anti-capitalista con un programa de desarrollo nacional dirigido por los trabajadores y el pueblo. Esta herramienta es indispensable para dar la batalla de ideas y aumentar los niveles de conciencia y organización popular.

Por eso desde la Juventud Guevarista consideramos que construir esta propuesta es una de las tareas más importantes que tenemos que encarar en los años que se vienen si pretendemos comenzar a tener una influencia real en la lucha de clases y la política nacional. A su vez, preparar al pueblo para resistir el aumento de la explotación e inviabilizar con la lucha los planes de los poderosos.

Una amplia unidad del pueblo trabajador, y la conformación de una fuerza política que la exprese, es una tarea urgente que asumimos como militantes guevaristas.

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