UNIFICAR TODAS LAS FORMAS DE RESISTENCIA AL AJUSTE

UNIFICAR TODAS LAS FORMAS DE RESISTENCIA AL AJUSTE

UNIFICAR TODAS LAS FORMAS DE RESISTENCIA AL AJUSTE

El balotaje es una trampa, hay que salirse de ella. En esta declaración desarrollamos la idea que hay que unir al pueblo y que la polarización que nos proponen no nos separe. Los que votan en blanco resisten, los que votan a Scioli como resistencia también lo hacen. Polarizar entre estos dos sectores de la población es la táctica kirchnerista para luego del 10 de diciembre ser ellos los que encabecen la oposición.

El 25 de Octubre, la mayoría de los trabajadores votó por alguno de sus verdugos. Más del 90% de los votos fueron a favor de Scioli, Macri y Massa, empujando por la escasa diferencia a un balotaje entre los dos primeros. El resultado sorprendió a la gran mayoría pero, fundamentalmente, modificó la situación política y las posibilidades de acción.

Ante este avance del macrismo, las usinas de ideas kirchneristas se dedicaron a culpar a la sociedad que se “derechizó”, e increpar a aquellos que decidimos votar a la izquierda sembrando el terrorismo ideológico del que supieron hacer gala en otros momentos de polarización. Pero no se observa una autocrítica respecto a su táctica de llevar al pueblo a votar a Aníbal Fernández (encubridor de los asesinatos de Kosteki y Santillán) y un menemista como Scioli que tras su gestión dejó a la Provincia de Buenos Aires en ruinas.

El proceso de discusión política abierto en la sociedad en torno al balotaje nos lleva a analizar con una intención reflexiva y pedagógica, y tomar posición entendiendo que la situación, gane quien gane, no será nada fácil para quienes vivimos de nuestro trabajo. Si bien reconocemos que las dos opciones en disputa van a encarar una política de aumento de la tasa de ganancia empresaria a costa de los trabajadores, (que comúnmente llamamos “ajuste”), en su totalidad no son lo mismo.

Algunos matices

Mauricio Macri es el hijo de su padre, Franco, un empresario amigo del gobierno, que representa de manera directa al gran capital nacional y extranjero. Una muestra de esto es que luego de conocerse el resultado electoral subieron las acciones en las bolsas de valores de Buenos Aires y de Nueva York. Esta es la forma de votar que tienen los mercados (es decir las grandes empresas capitalistas).

Al frente de la jefatura de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Macri desfinanció la salud y la educación públicas, y no generó ninguna política pública seria de cara a “terminar con la pobreza”, salvo implementar los planes sociales de Nación y el garrote para quienes están en situación de calle. Cerró espacios culturales y de atención a víctimas de violencia de género, desalojó con topadoras a miles de familias que no tenían hogar y, por supuesto, se rodeó de un plantel de “viejos conocidos” colaboradores como Patricia Bullrich, célebres por el enorme daño que hicieron a los trabajadores. Gracias a la política de estatización de la deuda privada dirigida por Cavallo en 1982, las empresas de Macri le transfirieron su deuda privada a toda la comunidad y fugaron enormes cantidades de capitales.

En tanto, Daniel Scioli también representa al gran capital aunque mediatizado por el fallido intento del proyecto kirchnerista de crear una “burguesía nacional” que invierta y no sólo fugue capitales. El ex motonauta es otro engendro del menemismo que defendió la privatización de YPF y más de una vez confesó que piensa que “los militares salvaron el país”. Apologista confeso del saqueador riojano y de su gobierno, fue vicepresidente de Néstor Kirchner y desde 2003 parte del Frente para la Victoria, una fuerza política que durante años le renovó las licencias al grupo Clarín para luego lavarse la cara con la Ley de Medios, que acordó con Macri la entrega de tierras en Ciudad de Buenos Aires, selló los acuerdos con Monsanto y Chevrón a expensas de la vida de quienes se niegan a entregar el país y profundizó la represión social y el crimen organizado con su política de fortalecimiento a la policía bonaerense

En el plantel K anunciado por Scioli, están Berni, Granados y Casal quienes cuidan “la seguridad del país” a través de herramientas como la Ley Antiterrorista.

Por supuesto que la defensa de los intereses que ambos representan implicará la implementación de políticas de ajuste hacia los trabajadores, sin embargo, las diferencias fundamentales se concentran en otros dos aspectos. En cuanto a la geopolítica regional, las alianzas internacionales que propicia el PRO (Cambiemos) se inclinan hacia los intereses de EEUU y la Alianza del Pacífico, con un consecuente abandono del Mercosur, la CELAC y la Unasur. Teóricamente, Scioli conservaría estas alianzas aunque no hay garantía de ello. En cuanto a las bases sociales que sostienen a cada uno de los candidatos, no cabe duda de que el macrismo es dirigido y recluta a sus equipos entre los sectores sociales altos, por lo tanto se ve como más probable que propicie un desfinanciamiento del Estado en beneficio de la actividad privada, y que ponga un freno a los juicios por causas de lesa humanidad durante la Dictadura, entre otras medidas antipopulares. Scioli, apoyado en el aparato del PJ, contaría con la militancia kirchnerista a su favor, más sujeta a las presiones de sectores más populares.

La responsabilidad de la debacle es la política kirchnerista

Antes de las elecciones del 25 de octubre decíamos que la recomposición de la estabilidad capitalista “constituye el ‘logro’ más importante y con mayores consecuencias a largo plazo de este gobierno, y pueden destacarse tres medidas estratégicas tomadas en ese sentido: la desarticulación de la resistencia y la organización popular; la recuperación de la legitimidad del Estado burgués y sus instituciones; y la consolidación de la dependencia de la economía argentina, como proveedora de bienes primarios para exportación, dictada por el capital imperialista”.

En 2008, se produjo el conflicto por la Resolución 125 (conflicto del campo). Esta medida buscaba, en el mejor de los casos, transferir los dólares de la renta agraria extraordinaria para que, mediante la promoción del Estado, los nuevos grupos económicos se insertasen en la estructura productiva para desarrollarla. La burguesía nacional tradicional, dueña de la tierra y de los monopolios consolidados desde la última dictadura, quitó su apoyo al gobierno y trabajó para su debilitamiento. El gobierno no apeló a la movilización popular para resolver el conflicto a su favor, sufriendo una derrota en toda la línea. Esto significó el fracaso estratégico del proyecto kirchnerista.

Para recuperarse, el gobierno se orientó hacia la búsqueda de financiamiento en los mercados internacionales, para lo cual pagó la deuda con el Club de París y se sometió al Ciadi, pero el desarrollo de la crisis económica internacional de 2009 lo obligó a un cambio de orientación, tomando algunas medidas contra cíclicas, y otras de carácter social, siendo las más emblemáticas la Ley de Medios y la Asignación Universal por Hijo. Para darle épica a este programa que preanunciaba el ajuste eligió a dos enemigos cargados de simbolismo: el grupo Clarín y el Poder Judicial. Ya en su fase descendente, “el modelo” efectuó la estatización parcial de YPF que no alcanzó a revertir su desastrosa política petrolera. El modelo agro exportador y extractivista continúa garantizando las súper ganancias de las multinacionales del sector. Fue creciendo el impuesto al trabajo y la inflación, deteriorando el salario de los trabajadores, a la vez que se sostienen altos porcentajes de trabajo en negro y precario. Conforme las limitaciones “del modelo” empezaron a sentirse cada vez más entre los trabajadores, crecieron las protestas sociales y, con Berni a la cabeza, recrudecieron las represiones.

En 12 años de kirchnerismo no se ha modificado la matriz productiva del país. La falta de divisas, que agita demagógicamente el neoliberalismo, estuvo y está originada en el atraso tecnológico de la industria argentina:¡Seguimos siendo un país agro exportador dependiente del imperialismo! Esta imagen es una muestra concluyente de que, una vez más, los intentos de hacer de Argentina un país moderno y desarrollado conducido por la burguesía (se denomine ésta nacional, productiva o tradicional) han fracasado y fracasarán. Estamos ante un modelo limitado a un proyecto nacional capitalista dependiente, ya sin aspiraciones de transformaciones estructurales ni de relativa independencia de las burguesías imperialistas.

La debacle no es responsabilidad de los movimientos sociales, de las luchas populares, ni de los pequeños partidos de izquierda, sino de un modelo que promovió la inclusión a través del consumo. Porque el consumismo despolitiza, potencia el individualismo y genera conformismo. Es el caldo de cultivo de la derecha.

Esta política se llevó adelante sin participación popular y sin debates. Al pueblo se lo mantuvo como espectador y a la militancia como mera divulgadora de la política oficial. El resultado de la votación del 25 de octubre puede mostrar el cansancio de muchos ante un gobierno que desoyó el descontento.

El llamado “mal menor”

La línea kirchnerista presentó como realista su política de negociar con el poder y optar por el mal menor, cuyo último acto lo llevó a presentar la combinación de Scioli con Aníbal Fernández como candidato a Gobernador en Buenos Aires. El pueblo no votó “por derecha”; rechazó lo malo conocido, y lo hizo de la peor manera. Durante toda esta semana hemos recibido la opinión de mucha gente que nos ha expresado su preocupación y hasta temor por el resultado electoral, ante la posibilidad de que Macri gane en segunda vuelta.

Esta política del “mal menor” no la descubrió el kirchnerismo sino que es patrimonio de las corrientes populistas y reformistas de aquí y de todo el mundo. En los 70 había que apoyar a Videla para evitar el pinochetazo de Menéndez, en los 80 a Menem en contra del lápiz rojo de Angeloz, en los 90 a De la Rúa en contra de Duhalde, y ahora el ajuste supuestamente suave de Scioli contra el duro de Macri. La política del mal menor es desorganizadora, desmovilizadora, cede el protagonismo al “menos malo” y no promueve la participación y organización popular alentando que el pueblo sea un espectador que espera que otro le resuelva sus problemas. La política del “mal menor” no construye la transformación radical de la sociedad.

No somos los guevaristas los responsables de esta situación. Los responsables son los kirchneristas que nunca se propusieron avanzar sobre la derecha sino negociar y compartir con ella, primero con Clarín y Techint, después con el mismísimo Macri, a quién eligieron como opositor y con el que votaron decenas de leyes en la Capital.

El voto en blanco no favorece a ninguno

El voto en blanco no es ni para Scioli ni para Macri, sino en rechazo a ambos. El balotaje, y el kirchnerismo a través de este artilugio, nos impone una contradicción de dos términos: Scioli o Macri. Si rechazamos a ambos, nos dicen, “le hacemos el juego a la derecha” o somos tibios irresponsables. Salirse de la trampa del balotaje no es ser tibios. Es, sino, abordar la contradicción de una forma pensada desde fuera del sistema y del engaño.

Si los que nos oponemos a ambas alternativas lográramos construir una importante fuerza militante como para hacer una poderosa campaña por el voto en blanco con consenso en el pueblo, el próximo Gobierno, nacería condicionado por la movilización popular. Si bien consideramos el voto en blanco válido como demostración de protesta y resistencia, sabemos que no configurará una fuerza que condicione políticamente al próximo gobierno. Por lo tanto, no debemos separar esa acción de los que piensan en otras formas de resistencia.

Votar contra Macri

Ante esta encrucijada, distintos sectores del pueblo identifican que lo que viene no es nada bueno para las mayorías trabajadoras. Macri aparece como la alternativa neoliberal más descarada, y Scioli como un personaje que trae el puñal abajo del poncho, escudado en las políticas más populares del kirchnerismo. Ante este panorama, gran parte del pueblo se debate entre alternativas defensivas: por un lado están quienes saben que Scioli no es una opción popular y que viene a cumplir los deberes que exige el gran capital a costa de nuestras condiciones de vida, pero ve en Macri un enemigo aún más peligroso. Otros sectores ven la gran amenaza que significa Macri, pero identifican en Scioli otro gran peligro y consideran que no se puede depositar en él ninguna esperanza. Desde ambas posiciones, con matices, se pretende tener una actitud defensiva, con más o menos certezas, con el acento en una u otra decisión. Quienes votan a Scioli como manera de resistencia, y quienes votarán en blanco, impugnarán o no votarán, todos buscamos una forma de enfrentar lo que se viene. Compartimos la preocupación ante un posible triunfo de Macri, y el neoliberalismo que representa. Pero también sabemos, como nos lo demostró el pueblo en las jornadas heroicas del 19 y 20 de diciembre del 2001 que la única garantía está en el mismo pueblo. Las distintas formas de resistencia en esta coyuntura electoral son parciales, ninguna forma de votar resuelve la situación, y al mismo tiempo todas son genuinas: por lo tanto no se debe enfrentar sino unir a los que votan en blanco o no van a votar, con los que expresan su forma de resistir votando a Scioli.

Porque somos conscientes de que tanto Scioli como Macri comparten los ejes centrales de su programa, incluso teniendo en cuenta los matices entre ambos candidatos, es nuestra obligación como organización revolucionaria fortalecer la conciencia de que al ajuste tendremos que enfrentarlo en la calle, por lo que gane quien gane el 22 de noviembre:

¡La tarea es organizar la resistencia!

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