El “COSTO LABORAL” Y EL GASTO SUNTUARIO – Daniel De Santis

El “costo laboral” y el gasto suntuario. 

Por Daniel De Santis // Publicado por la Mesa de Unidad MIR-P, CPS 29 de Mayo, Juventud Guevarista.

Con los acuerdos de Vaca Muerta entre el Gobierno, las empresas y el Sindicato Petrolero de Neuquén, la política oficial pasó de la batalla de ideas a la acción. Aquí le respondemos a la falacia de Macri sobre el “costo laboral, analizamos el comportamiento parasitario de la clase capitalista argentina y recurrimos a los aportes de Carlos Marx para restablecer el verdadero origen de las riquezas y de los valores.

Vaca Muerta o la muerte de los convenios colectivos

“Hoy se abre una nueva etapa para la energía en nuestro país (…) Acuerdos de este tipo necesitamos en todo el país en todos los sectores”, dijo un eufórico presidente Macri el pasado 10 de enero en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, al anunciar el relanzamiento del plan de explotación del yacimiento Vaca Muerta[1]. Al día siguiente, el analista político del diario La Nación, Joaquín Morales Solá, celebraba en condicional esos acuerdos: “Si finalmente Vaca Muerta resucitara, los acuerdos anunciados ayer quedarán como una de las decisiones históricas de Mauricio Macri, tal vez la que más permanecerá en el tiempo y en la memoria colectiva (…) Vaca Muerta podría dotar al país, dentro de varios años y de miles de millones de dólares, de autoabastecimiento petrolero y gasífero; de mayor capacidad de producción agroindustrial, y de más puestos de trabajo en una economía que tendrá resuelto uno de sus problemas básicos (el suministro de energía)”.

El entusiasmo del Presidente se explica porque representan el modelo de convenio laboral que los capitalistas necesitan, es decir, reducción de los costos laborales para dinamizar la llegada de inversiones. Durante la segunda quincena de enero, los vaciamientos de empresas como Artes Gráficas Rioplatense (del grupo Clarín) y la metalúrgica Canale son, entre los casos más conocidos porque sus trabajadores resisten, avanzadas del gran capital en la aplicación de esta política.

El renunciado ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, fue reemplazado por dos fundamentalistas del mercado, Nicolás Dujovne (ministro de Hacienda) y Luis Caputo (ministro de Finanzas) con el objetivo de acelerar esta avanzada anti obrera que tiene como meta inmediata bajar los salarios y deteriorar las condiciones de trabajo. Eso sí, como la tarea la saben sucia, Macri les pidió que la hagan “con más alegría”.

 El alto costo laboral y la competitividad

Para introducirnos en el tema, vamos a reproducir un texto del compañero Enrique Gandolfo: “Para los trabajadores y trabajadoras lo que el capital llama costos laborales son nuestros salarios y nuestras condiciones de trabajo y de vida. Es decir, son nuestros derechos para vivir dignamente.

La reforma laboral no es otra cosa que una arremetida flexibilizadora para cargarse con las conquistas de nuestras luchas que quedan en pie, con el argumento de hacer competitiva nuestra economía. La cantinela se repite país por país: los empresarios afirman que hay que reducir el costo laboral para competir con los empresarios del país vecino. Así en cada economía nacional se avanza sobre el salario y los convenios colectivos y se intensifica la explotación.

En su cruzada se esmeran en buscar argumentos seductores. El nuevo ministro Nicolás Dujovne habla de bajar los impuestos al trabajo que él considera “ridículos”. Le llama impuestos a los aportes patronales para las jubilaciones, a las obras sociales, a las asignaciones familiares. Le llama impuestos a lo que para nosotros no es otra cosa que salario indirecto o diferido.

¿Qué son los aportes jubilatorios sino parte del precio de la fuerza de trabajo que se acuerda cobrar al fin de la vida laboral? ¿Qué son los aportes a las obras sociales sino parte del precio por desplegar el trabajo que se cobra en atenciones médicas?

No son impuestos, fue la lucha del movimiento obrero la que consiguió estos derechos que atenúan la condición de inseguridad que atraviesa la vida de la clase trabajadora.

Sin esos derechos, al quedarnos sin trabajo por enfermedad, invalidez, vejez o porque nos despiden nos hundimos en el abismo de la miseria. La llamada seguridad social vino a poner límites a estos padecimientos.

Por eso para nosotros el precio de la fuerza de trabajo es el conjunto de la retribución que el obrero percibe, sin que importe que le sea entregada directamente (salario directo) o más tarde como salario diferido.

Además, vale recordar que los aportes patronales ya fueron rebajados por Menem-Cavallo y nunca fueron restituidos. Curiosamente, con los mismos argumentos que Dujovne: así se favorecería el empleo en blanco. Una gran desocupación fue el corolario de aquel embate del capital contra el trabajo”.

Avanzando un paso en el razonamiento vemos que si el gobierno de Macri rebaja los salarios directos e indirectos de los trabajadores, el gobierno de Brasil hará lo propio con los salarios de los trabajadores de su país ante lo que, siguiendo con la misma política, el gobierno de Macri haría una nueva rebaja… entrando en un círculo vicioso que llevaría a los trabajadores argentinos y brasileños a recibir un salario por debajo del nivel de subsistencia y, además, a la parálisis de la economía capitalista, lo que erosionaría sus propios intereses. Pese a ello, eso es lo que siempre ha ocurrido cuando un sector de los capitalistas gobierna como empresarios y no como clase, llevando los países al desastre. Luego tienen que venir políticos que, representando al conjunto de la clase de los capitalistas, pongan un poco de racionalidad en la economía para garantizar la continuidad de la explotación de los trabajadores.

Esto ya se los dijo a los empresarios, en 1944, un lúcido dirigente de la burguesía llamado Juan Perón: “Señores, ustedes son los peores enemigos de su propia felicidad, por no entregar un 30% ahora, dentro de unos pocos años o de unos pocos meses van a perder todo lo que tienen y hasta las orejas”. En la década anterior esas políticas fueron aplicadas por John Maynard Keynes en Gran Bretaña y Franklin Delano Roosevelt en Estados Unidos. Pero eso fue hace tiempo. Desde mediados de los años 1970 el capitalismo ha entrado en una etapa aún más depredadora de la producción, de la naturaleza y de la especie humana.

Entre otras cosas, lo que Perón veía y Macri no quiere ver es la diferencia de experiencias de la clase obrera argentina y brasileña. Los trabajadores de nuestro país ofrecerán más resistencia y harán fracasar a los CEOs del empresariado argentino.

Desde el punto de vista capitalista, la competitividad que pretende el Gobierno se basa en la rebaja de los sueldos y en la extensión de la jornada de trabajo, pero hay otra forma de lograrla, y con mucha más eficiencia, que es ampliando y mejorando la producción incorporando tecnología de punta o de primera generación.

La productividad

Macri y sus secuaces intencionadamente confunden los conceptos de competitividad y productividad. Ya vimos cómo opera el primero. En cuanto a la productividad lo tratamos ampliamente en el trabajo Batalla cultural, régimen laboral y fuerza militar de agosto de 2016, del cual reproducimos un párrafo introductorio:

“Bajo el título ‘Un cambio indispensable en las relaciones laborales’ un nuevo editorial de La Nación, del martes 26 de julio, sostiene que ‘Las normas que regulan el trabajo (…) no tienen que desalentar la inversión y la productividad’ (…) Como se ve, los capitalistas no hablan de aumentar la producción sino la productividad, que es muy distinto: Una mayor producción significa mayor cantidad de bienes, cosa que todos los trabajadores vemos con buenos ojos porque al haber más productos estos serán más baratos. Pero esto, que parece lógico, no es lo que buscan los capitalistas. Ellos buscan la productividad que significa que haya más productos, pero con el mismo o menor salario. Los capitalistas tienen dos formas de lograrlo: aumentando las horas de la jornada de trabajo o aumentando los ritmos de producción”.

Es decir que quieren aumentar la productividad[2] del salario aumentando la explotación, y con esa mayor explotación ir a competir con los capitalistas de otros países atrasados porque, como ya explicamos, no está en sus intenciones competir con los países capitalistas avanzados, dado que “nuestros” capitalistas son reacios a invertir productivamente sus ganancias y eso los hace incompetentes.

El trabajo es la fuente única del valor[3]

Además de incompetentes, como todos los capitalistas, son parásitos que nada producen. Por ocultar esta realidad, la ideología burguesa ha difundido que ellos aportan el capital, por lo tanto tienen derecho a la ganancia. Pero rascando un poco sobre esta apariencia emerge el verdadero origen del valor de las mercancías, lo que intentaremos exponer mediante el siguiente ejemplo:

Un capitalista fabricante de automóviles invierte una parte de “su” capital en materias primas, por ejemplo: hierro, plástico, bobinas, bujías, etc. Otra parte del capital lo destina a comprar las máquinas necesarias para la producción de autos. Otro tanto lo dedica a establecer un gran edificio donde albergar las materias primas y las maquinarias. Ya está todo listo, pasa un día y sigue todo listo pero igual, pasa una semana, un mes, o un año y el capitalista sigue teniendo los mismos bienes. Su riqueza se ha mantenido en el mismo valor que antes. Todos sabemos que, para que de los portones de la fábrica salga un automóvil son necesarios los trabajadores que manejando las máquinas hagan las distintas piezas y que armen el auto. Ahora, esas materias primas transformadas en auto por el trabajo del obrero tienen un valor mayor que antes. Si el capitalista le pagara a los obreros todo el valor creado por los trabajadores al final del mes, seguiría teniendo el mismo capital que antes de iniciado el proceso de producción.

¿De dónde sale la ganancia del capitalista? Sale del trabajo realizado por el obrero y no pagado por el capitalista. El capitalista no le paga al obrero[4] el valor creado por su trabajo sino sólo lo que necesita para volver uno y otro día a trabajar, es decir lo que necesita para comer, vestirse, vivir bajo un techo, y mantener a su familia, que sus hijos vayan a la escuela y alguna recreación. Es decir que el capitalista no le paga al obrero el valor de su trabajo sino el de su capacidad de trabajar o fuerza de trabajo.[5]

Ahora también podemos responder de dónde salió el capital inicial del capitalista[6]: este no es más que trabajo del obrero no pagado por el capitalista en un proceso anterior.

De aquí vemos que en la creación de las mercancías, es decir de nuevos valores, el trabajador es imprescindible mientras que el capitalista es sobrante porque su presencia no aporta nada a la creación de nuevos valores ni nueva riqueza.

La acumulación productiva y el gasto suntuario de los capitalistas

 Pero veamos qué pasa con los valores creados por los trabajadores en nuestro país.

El PBI[7] de Argentina (550 mil millones de dólares) se distribuye de la siguiente manera: Un 30% se destina a la reproducción de la fuerza de trabajo, es decir salarios, y un 15% a la inversión productiva, es decir que para mantener funcionando el país se destina sólo el 45% de lo producido. El otro 45% se despilfarra, ya que los gastos suntuarios[8] de la clase capitalista se llevan un 40% del PBI, y un 5% se fuga al exterior[9]. El 10% restante se usa para reponer el desgaste de la infraestructura productiva (amortización). Estos números, con leves variaciones según sean gobierno “progresistas” o “conservadores”, se han mantenido a lo largo de nuestra historia, porque siempre han gobernado los capitalistas. En nuestra historia económica la acumulación productiva ha sido baja y el gasto suntuario muy alto. La filosofía de los capitalistas argentinos ha sido y es “ganar mucho invirtiendo poco”.

El programa de la Unión del Pueblo

Conocer los datos anteriores nos revela dónde hay que ir a buscar los capitales para el desarrollo de la economía y la sociedad argentina.

Consciente de ello, el programa de la Unión del Pueblo o cualquier otro programa similar, solo será posible de realizar teniendo como condición imprescindible e inmediata reducir un tercio el actual gasto suntuario y los lujos de los capitalistas, además de eliminar la fuga al exterior destinando esa enorme masa de capitales a la inversión productiva. Ese casi 20% del PBI (100 mil millones de dólares) así obtenido, se debería destinar, como recién dijimos, a la inversión productiva en su acepción amplia, es decir a la producción de bienes materiales y a la reproducción de la fuerza de trabajo pero en un nivel superior al del capitalismo (estamos hablando de educación, salud, seguridad social, cultura, recreación, consciencia social, etc.).

Para realizar esta extraordinaria reorientación de la economía bastaría con tomar cuatro medidas básicas: nacionalización de los bancos y el crédito para que el fruto del trabajo se destine a la producción y no a la especulación, nacionalización del comercio exterior para evitar la fuga de divisas, una ley que obligue a los capitalistas a invertir un alto porcentaje de sus ganancias en producción. Obsérvese que esta última medida no es confiscatoria, sino que implicaría que la ley le diga a los capitalistas, por ejemplo: “no tomes Champagne de 1500 pesos la botella, tomá uno de sólo 1000 pesos y los otros 500 reinviértelos en tu empresa”. Y la cuarta medida debe ser, reemplazar el actual sistema impositivo por el cual pagan más impuestos los que menos ganan, por otro por medio del cual paguen más impuestos los que más ganan.[10]

Se advierte así que se podría evitar recurrir al endeudamiento externo, con fines especulativos y para gastos corrientes del presupuesto,  si se destina a la producción sólo una parte del gasto suntuario de los grandes capitalistas. Pero entonces ¿por qué “nuestros” burgueses piden capitales al exterior si la economía argentina los genera? Lo hacen por dos cosas, por un lado para poder mantener una vida de súper lujo arriesgando poco, y porque usan los préstamos del exterior para hacer sus negocios privados que luego tenemos que pagar todos los que vivimos de nuestro trabajo.

Dos siglos de historia universal son la fuerza de nuestro programa[11]

Durante el siglo XIX el país hegemónico económica y políticamente era Inglaterra, mientras que al resto de los países del mundo los podíamos dividir, en un pequeño grupo compuesto por EE.UU., Alemania, Japón, Suecia y Dinamarca, cuyo desarrollo les permitió acercarse al país líder; y otro, en el que se encontraba la inmensa mayoría, cuyo lento desarrollo hizo que la brecha  con el país líder se ampliara.

En el siglo XX se dio una situación similar frente a la nueva hegemonía de EE.UU. Un grupo minoritario, en el que estaban nuevamente Japón, Corea, Taiwán y pocos más, se acercó al país líder debido a sus altos niveles de desarrollo, mientras la mayoría restante se alejó.

El comportamiento de los países que pudieron achicar la brecha, tanto en el siglo XIX como en el XX, tuvo un denominador común: la acumulación productiva.

En la mayoría de los casos exitosos, la acumulación fue financiada con ahorro interno (recursos originados por la economía disponibles para financiar la inversión), aunque el ahorro externo (básicamente, la inversión extranjera directa y los préstamos del exterior) también jugó en algunos casos un rol importante. Estos países, además, presentaban niveles salariales promedio que no eran ni demasiado altos ni demasiado bajos y que, apoyados en condiciones internacionales transitoriamente favorables y/o políticas tecnológicas muy particulares, lograron ejercer desde el Estado su soberanía política. Es importante destacar que el capital extranjero, en aquellos casos excepcionales en que jugó un rol positivo, lo hizo complementando el ahorro interno.

En la Argentina durante el primer peronismo se realizó un intento frustrado de desarrollo basado en el marcado y ahorro internos. Pero este movimiento no estuvo dispuesto a ejercer el poder coercitivo del Estado, ni movilizar a las masas obreras sobre los terratenientes y la burguesía que se apropiaban del excedente económico y lo orientaban fuera del sistema productivo (consumo suntuario).

Ya vimos, pero insistimos, en que la posibilidad de cambio de la estructura productiva de una economía descansa sobre la generación de excedente y el modo de acumulación. Al igual que en las décadas del 40 y 50 del siglo pasado, durante los últimos 20 años la economía Argentina generó una masa de recursos suficientes como para alcanzar un sostenido crecimiento. Sin embargo, el grueso del excedente no se convirtió en acumulación que ampliara la capacidad productiva, sino que fue destinado fundamentalmente a la ampliación del consumo suntuario, aumentando la riqueza de los grandes capitalistas nacionales y extranjeros.

En oposición a esta evolución de la economía argentina, en la actualidad tenemos los casos emblemáticos de India y China cuyo grado de desarrollo les permite estar achicando la brecha con EE.UU. Ambos países muestran un nivel de acumulación en torno al 41% y 53% del PBI respectivamente, muy por encima del 15% de acumulación de nuestro país (o cerca del 22%, si incluimos la educación y la investigación científica en este ítem).

Manos a la obra

Las medidas antes presentadas son la base del desarrollo y del bienestar. Para hacerlas realidad tenemos que construir la fuerza política que luche por la hegemonía de estas ideas en la mayoría de la sociedad, para poder enfrentar exitosamente con la movilización y organización popular la reacción de los capitalistas e imperialistas que se opondrán férreamente, con uñas y dientes.

Probablemente lo más difícil no sea conocer cuáles serán las transformaciones que debe encarar un programa revolucionario, pero sí es necesario dejarlo en claro para trazar el eje de la lucha ideológica y política no sólo contra el Gobierno de Macri, sino contra el sistema de explotación y dependencia.

Lo difícil es llevar a la práctica la batalla de ideas contra la ideología dominante, escudriñar sus grietas en la conciencia del pueblo, ello le dará iniciativa y precisión a la lucha política, que debe ser la rectora en la gran tarea de la organización obrera y popular.

Detectado el blanco a atacar de la política oficial, tenemos que saber dirigir sistemáticamente lo mejor de nuestras fuerzas en esa dirección. Nuestras herramientas de propaganda deben estar coordinadas a ese efecto para obtener la máxima eficiencia. El funcionamiento de nuestro sistema de organización debe regirse por el principio de economía de fuerzas, para lograr los máximos resultados con los mínimos recursos. Debemos estar siempre alertas para no caer en el formalismo y la absolutización de alguna forma de lucha pero, sabiendo cual es la principal, combinarlas todas acertadamente.

Es importante repasar las tareas propuestas en el documento “El supermercado del mundo”[12], porque muchas mantienen su vigencia y analizar críticamente aquellas que pasaron a segundo plano en nuestra agenda de actualidad, porque nos ayudará a desarrollar nuestro espíritu crítico y construirnos como cuadros reflexivos.

¡Enfrentemos a la derecha desde una perspectiva socialista!

¡Por la construcción de un partido revolucionario del pueblo trabajador!

mesa-de-unidad-1024x190

DESCARGAR EN PDF

Notas

[1] El convenio para el relanzamiento de Vaca Muerta fue suscripto por el presidente Mauricio Macri, el secretario de Coordinación de Políticas Públicas, Gustavo Lopetegui, los ministros de Trabajo Jorge Triaca y de Energía, Juan José Aranguren, el gobernador de Neuquén Omar Gutiérrez, la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos, el secretario general del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa –y senador por el Movimiento Popular Neuquino-, Guillermo Pereyra, y su par de los Petroleros Jerárquicos, Manuel Arévalo. El Presidente afirmó que “Las empresas, a partir de lo que han hecho los trabajadores a quienes tenemos que felicitar, se han comprometido a un proceso virtuoso de inversiones, estamos hablando de 5.000 millones de dólares que tiene que duplicarse para los próximos años y sostenerse”.

[2] Los socialistas no nos oponemos al aumento de la productividad, sino que por el contrario la buscamos planificadamente, pero la basamos en el mejoramiento de la técnica y en el desarrollo de la conciencia socialista como sostenía Guevara. El socialismo no glorifica la pobreza como expresan los populistas. El socialismo será el reino de la abundancia.

[3] Como aclaración de la diferencia entre riqueza y valor nos remitimos al párrafo final del capítulo 13 de El Capital de Carlos Marx: “La producción capitalista no desarrolla la técnica y la combinación del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos manantiales de toda riqueza: la tierra y el trabajador”.

[4] Las estadísticas generales indican que el salario es menor si la obrera es mujer.

 [5] Cálculos recientes, realizados por el economista Jaime Fuch entre las 500 mayores empresas de nuestro país, revelan que sobre 8 horas de trabajo de un obrero su salario, o sea el valor que le da el capitalista a la fuerza de trabajo del obrero, se cubre con una hora, mientras que las otras siete se las embolsa el capitalista. A mediados del siglo XIX, en Europa, esa proporción era de cuatro horas para pagar la fuerza de trabajo y cuatro horas se las quedaba el capitalista. Por lo que el valor del salario se ha ido achicando respecto a la creación de valor que realiza el obrero.

[6] Después de la expropiación violenta del productor directo, que es la base de acumulación capitalista originaria

[7] Con PBI indicamos todos los valores creados por los trabajadores durante un año. Los números están redondeados para facilitar los cálculos y la compresión del texto.

[8] En este trabajo, se considera gasto suntuario a todo gasto que esté por sobre lo que necesita una familia obrera para vivir.

[9] La fuga al exterior ha sido confirmada una vez más por los números que arroja el actual blanqueo impulsado por Macri. Se calcula en unos 400 mil millones los capitales fugados. Dicho de otra forma, el 75% del PBI. El 5% de fuga al que nos referíamos antes es anual, mientras que el monto acumulado es el que representa ese 75%.

[10] Como ejercicio propongo a los lectores comparar este programa con el que esboza Morales Solá con los dólares que vendrían a partir de Vaca Muerta. (Que no es más que el de Macri y que nosotros analizamos en febrero de 2016 en “El supermercado del mundo”).

[11] En este punto tomamos como referencia el trabajo “Excedente y modo de acumulación. Trayectoria de la economía Argentina (1993-2014) de Gerardo De Santis y Julián Barberis.

[12] http://www.juventudguevarista.com.ar/el-supermercado-del-mundo/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s