Arrancó la campaña: continuidad y acuerdos claves por arriba, división por abajo.

Se han presentado las distintas listas electorales para atravesar las PASO 2017 (primarias abiertas simultáneas y obligatorias), ese inteligente diseño legal para reconstruir y dar nueva legitimidad al desgastado sistema electoral burgués. La etapa kirchnerista fue la gran reconstructora del sistema institucional, tan cuestionado durante la irrupción popular del 2001-2002. En el plano electoral lo hicieron, entre otras herramientas, a través de las PASO: ellas  buscan limpiar de la disputa a aquellos partidos o frentes que no logren superar un mínimo piso de votos, y establecen un mecanismo único para dirimir las internas de todos los partidos y frentes según los criterios que se imponen desde el poder.

Estas internas abiertas, tienen el condimento especial de ser las primeras elecciones de “medio término” de la nueva etapa política que se abrió con el triunfo de la alianza CAMBIEMOS al frente del Poder Ejecutivo del estado nacional.  Es interesante analizar qué vienen mostrando como programas los distintos bloques políticos, la relación de estas propuestas con la coyuntura y la influencia en la lucha popular y la organización de las fuerzas revolucionarias y populares.

“CAMBIEMOS corrupción K por ajuste y represión PRO”

Hasta ahora la única propuesta clara que viene desplegando la alianza gobernante, con las complicidades de los demás partidarios del sistema, es un programa de actualización del régimen capitalista en Argentina, adecuado a los designios del imperialismo. Se pretende, en primer medida, re-convertir la estructura productiva en base a dos aspectos centrales: 1) el disciplinamiento social y reducción del costo laboral; 2) la eliminación de las ramas y sectores productivos obsoletos para un esquema centrado en la exportación de materias primas y sus derivados (algunos de ellos con cierto agregado de valor).

El presidente Macri, junto a todo el arsenal mediático que lo protege, sostiene que las consecuencias de sus políticas de ajuste y tarifazos son producto de terminar con la “corrupción y la herencia de la era K”. Pero estas medidas tienen que ver principalmente con suplir el déficit producido por la eliminación de las retenciones la exportación del agro y la minería, poniendo nuevamente el eje del financiamiento estatal sobre la toma permanente de nueva deuda externa. Se produce de este modo una verdadera “pesada herencia” para las futuras tres generaciones de trabajadores y trabajadoras que tendrán que pagar, solo por esa última toma de deuda, 22.000 millones de dólares a lo largo de esos 100 años. O sea, tres generaciones de familias burguesas vivirán como reyes, a merced del resto de la población argentina gracias al cobro de los intereses (200 millones de dólares por 100 años).

En consonancia con este gobierno de pillaje, existe un progresivo aumento de la represión siendo un dato innegable que condiciona y limita la lucha social. A la vez pretende ser una marca electoral que quiere apropiarse este gobierno como señal hacia los sectores conformistas y acomodados de “orden para el progreso”, garantizándoles que las ganancias (o los frutos) de este régimen cada vez más desigual no serán puestos en riesgo por las rebeliones de los “súbditos”. La referencia a la antigüedad no sería exagerada si tenemos en cuenta las muestras de servilismo y cipayismo en fechas “patrias” y las tremendas medidas contra los derechos adquiridos de los ciudadanos. Hablar del “Virrey Mauricio” es una fiel metáfora del carácter entreguista y pro imperialista de este gobierno, que no esconde su compromiso con el capital transnacional y la perpetuación del régimen imperialista.

Unidad Ciudadana: autocrítica cero

El armado electoral de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, no utilizando el sello electoral del histórico partido del sistema -el Partido Justicialista (PJ)- pareciera una maniobra para correrse del deslegitimado conjunto de referentes de la etapa política anterior, del triste saltibanquismo de los diferentes actores del PJ (Bossio, Randazo, Massa, Pérsico etc.), más que una verdadera autocrítica del fracasado proyecto neo-desarrollista que se estrelló contra los límites del capitalismo dependiente y su burguesía parasitaria, fugadora serial de capitales y derrochadora de las riquezas amasadas de la explotación del pueblo trabajador.

Hasta ahora CFK sólo cuenta con el resto de su buena imagen, producto de los resultados de algunas de las políticas de restitución de derechos que supo desplegar en su gobierno. Pero ya está muy limitada como figura que pueda garantizar el consenso entre los grandes bloques capitalistas: el kirchnerismo, como ya lo marcamos varias veces, fue el encargado entre los de arriba de cerrar la crisis popular y relegitimar el orden burgués. Una vez completado ese trabajo, la gran burguesía buscó un nuevo personal político que realice las tareas que ellos consideran necesarias para relanzar su proceso de acumulación. En el último año y medio de gobierno, el kirchnerismo intentó mostrarle a la gran burguesía que ellos estaban dispuestos a aplicar el nuevo modelo: así fue que ellos iniciaron el ajuste, imponiendo una importante devaluación y descuentos salariales vía inflación… Pero los que realmente mandan en el sistema no querían gradualismos y exigían ir más a fondo, por eso los K ya no cuentan con el apoyo de todos los frentes de la burguesía.

La naturaleza burguesa del proyecto kirchnerista debería ser una obviedad para cualquiera que haya vivido en Argentina los últimos años. Sin embargo, la capacidad del capitalismo para reconfigurar sus opciones y presentar a algunas de ellas como supuestamente “populares”, confunden a algunos grupos que no están firmesen una perspectiva estratégica de construir una opción de Poder Revolucionario. Esto llevó  a que algunos sectores políticos que hace unos años alimentaban los procesos de lucha popular se hayan sumado, más o menos acríticamente a este nuevo rejunte en torno a CFK. Esto, lejos de alimentar un proceso de rebelión contra el ajuste, refuerza el proceso de institucionalización y la perspectiva de que la única opción de derrotar al macrismo sería vía elecciones y votando la opción “menos peor”. La vieja trampa del capitalismo que sigue funcionando.

En su acto de lanzamiento, con una nada despreciable movilización, CFK solo se encargó de hablar de lo obvio y de utilizar algunos testimonios del pueblo que sufre. Entre ellos casi no aparecía ningún trabajador y hasta emergió la dueña de un frigorífico que, ¡pobrecita!, tuvo que echar a la tercera parte de sus obreros ante la caída de sus ganancias. Una muestra más de su cinismo, ya que Cristina es una millonaria y vive como tal, pero dice comprender el sufrimiento de las masas desposeídas.

1País: una bolsa de gatos

El frente liderado por el justicialista Sergio Massa y la radical Margarita Stolbizer es la representación más cabal del oportunismo político y la tercera opción de los empresarios, por si fallan el plan Cambiemos y el desvencijado kirchnerismo (hoy devenido en cristinismo). No hay que engañarse, detrás de todos estos armados siempre está el PJ, como retaguardia y permanente tabla de salvación del capitalismo en Argentina.

En el lanzamiento, al estilo “show time”, del frente 1País, solo se encargaron de intentar posicionarse entre Cristina y Macri. “Ni K, Ni PRO”, pero siempre más cerquita de Cambiemos: sus bloques han apoyado durante meses las medidas antipopulares del gobierno, votando en favor del oficialismo sobre todo los diputados del Frente Renovador de Massa, así como el Partido GEN de Stolbizer. Con lo cual se puede ver con nitidez el papel que pretenden jugar: ser una variante burguesa, para salir siempre al salvataje de los intereses empresarios.

Un dato que ya no supera la dimensión de ser una anécdota, es que a este frente se sumó Libres del Sur, aunque en provincia de Buenos Aires se retiró por quedar fuera del armado de las listas. Todo un dato del decadente camino político de esa fuerza.

Las izquierdas unidas y des-unidas

Por abajo el escenario sigue muy dividido y no hemos logrado poner en pie una verdadera alternativa. El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) y la Izquierda al Frente por el Socialismo (IFS) reúnen a las dos variantes mayoritarias del trotskismo argentino y las dos propuestas más visibilizadas como alternativas de izquierda o populares. Ambas corrientes cometen el error de ser auto-referenciales, negando al resto de las corrientes anticapitalistas, socialistas, revolucionarias y populares. Su esquema de frente de izquierda limita sus pretendidas aspiraciones de ser una referencia política para las amplias masas del pueblo trabajador, explotado y oprimido.

Esa limitación les impide constituirse en una real opción de poder, algo que sólo podrían hacer avanzando hacia la conformación de una fuerza social más amplia, que fuese dirigida por los sectores obreros y anticapitalistas, pero que integre otras fracciones sociales. Esa perspectiva no existe para estas fuerzas, que prefieren buscar un espacio confortable en el régimen, antes que animarse a desafiarlo seriamente (con los enormes riesgos que ese desafío podría entrañar).

Esto no niega que, sobre todo el FIT, ha logrado constituirse en representante de una minoría social que está cansada de los partidos tradicionales de los empresarios. Ha conseguido tener presencia en los medios de comunicación de llegada nacional y para las grandes masas la referencia mayoritaria de una “izquierda” u “oposición por izquierda” son estas propuestas electorales.

¿Y el Guevarismo?

Nos reconocemos como parte de esta corriente que surgió de las cenizas de la revolución derrotada en los 70 y 80, producto de haber sido el principal blanco de aniquilamiento de los gobiernos y dictaduras que aplicaron el terrorismo de estado y el genocidio como estrategia de supervivencia del capitalismo.

En la actualidad, ya podemos hablar de una corriente política que ha podido reconstruirse como una nueva referencia en la política argentina. En los últimos años se han dado diversos agrupamientos de esta corriente, y nosotros mismos somos expresión de ello. Aún nuestra capacidad de participación en la política electoral es muy débil y embrionaria en la mayoría del país. Ello incide en la capacidad de proyectar nuestras fuerzas en frentes electorales, y a la vez discutir las condiciones de los mismos.

Nuestra participación principal en estas elecciones se sitúa en las ciudades de La Plata y Moreno, provincia de Buenos Aires, con diferentes modalidades: en frente electoral en el primer caso y con boleta única en el segundo. Para nuestra línea de intervención electoral, la prioridad se estableció en poder proyectar un programa político de realización inmediata, con el objetivo de desarrollar canales de participación popular que vayan más allá de lo institucional-electoral Porque ambas cuestiones van de la mano: no hay posibilidad de lograr desarrollar ese programa sino ampliamos profundamente la participación del pueblo en la política. Esa suele ser nuestra mayor crítica a las demás fuerzas políticas del campo popular, ya que por auto-referencia y auto-convencimiento, se ponen por encima del pueblo y solo le “bajan línea”, limitando su participación al pedido de que vayan a poner su boleta en el sobre.

Nuestra línea es dialogar con el pueblo, establecer una relación de compromiso y solidaridad, y poner en discusión el programa que creemos mejor para resolver el sufrimiento y la humillación. Este es un paso fundamental para abrir el cauce al torrente revolucionario del pueblo y plantear un modelo de sociedad diferente, donde cada cual viva de su trabajo y no de la explotación del prójimo.

Finalmente, tenemos dos desafíos mayores. El primero es apuntar a quebrar la gran victoria de la burguesía en estos años: el hecho de que toda esperanza de transformación se deposita centralmente en lo electoral, dejando de lado el camino de la lucha en las calles. Esa fue una gran construcción del kirchnerismo, que es parte de su “liviana herencia” para el macrismo. En lugar de salir masivamente a las calles ante los constantes agravios una importante fracción del pueblo parece esperar pacientemente al cuarto oscuro, para allí “castigar” al gobierno actual. Nuestro desafío es difícil: dar la disputa en el plano electoral sin limitarnos a eso y tratando de quebrar sus trampas de adaptación al sistema. Algo que la izquierda tradicional evidentemente no ha conseguido.

El segundo desafío es aún más complejo. Se trata de superar nuestra limitada construcción actual para alimentar la Fuerza Social Revolucionaria que es necesaria para transformar realmente nuestro país. Debemos apuntar a constituir, seriamente, una verdadera opción de poder revolucionario para el conjunto del pueblo. Eso no se hará con auto proclamaciones, sectarismos o internismos. Se hará con unidad, que necesariamente no se construye entre idénticos, y con política revolucionaria hacia las masas. Con ese horizonte caminamos, y por eso construimos este partido para la revolución, la Organización Revolucionaria Guevaristas.

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