Unidad de los trabajadores y el pueblo para derrotar la reforma laboral reaccionaria

Editorial de Senda Guevarista, 24 de julio de 2017

Durante 3 semestres nos quisieron ablandar con la promesa de que las inversiones estaban en camino, y que eso generaría la recuperación del empleo y del consumo popular. En verdad el programa de ajuste, tarifazo y represión del gobierno está llevando a millones de personas a la pobreza (generando 600.000 nuevos pobres según las estadísticas más conservadoras de la UCA), y a otras millones a la indigencia. Se han empeorado las condiciones de vida de la mayoría del pueblo argentino: más de la mitad hoy viven de un salario por debajo de la canasta básica y casi el 40% de los trabajadores sufre la informalidad (en 12 años el kirchnerismo apenas pudo disminuir esa realidad al 34%).

Este proceso de generación de desempleo, de empeoramiento de las condiciones de vida de las mayorías populares y de represión permanente a los reclamos de los trabajadores, busca generar debilidad y quebrar la lucha de la clase obrera argentina. ¿El objetivo? Avanzar en una brutal reforma laboral similar a la ya aprobada por el corrupto senado de Brasil. Pretenden volver a generar una derrota histórica a los trabajadores, como ya lo hicieron en los ’90. Y para ello las dos burguesías más importantes de Sudamérica marcan el camino. Los principales medios de comunicación, obvios representantes del empresariado argentino, ya hacen el reclamo a viva voz:

  • Diario Ámbito Financiero, 14 de Julio: “La reforma laboral de Brasil acelera el cambio de rumbo en la Argentina”.
  • Diario El Cronista, 17 de julio: “Como en Brasil, Macri ya evalúa una reforma laboral tras las elecciones”.
  • El mismo día, en Eco medios, el directivo de una consultora de empresas muy importante afirma: “Argentina debe hacer una reforma laboral como Brasil”.
  • El ministro de Trabajo, Julio Triaca, sostuvo en medios radiales “el Gobierno buscará avanzar en una reforma laboral”.
  • El 18 de Julio la diputada Carrió (representante de la embajada de EEUU) afirmó: “Tenemos que discutir el costo laboral, porque es tan grande que en realidad un empleado te cuesta dos empleados”.

Son pruebas evidentes de lo que se viene y a lo que nos tenemos que preparar para derrotar. Esa respuesta deberá ser puesta en pie desde abajo. Desde el 6 de abril venimos esperando que la corrupta y entreguista dirección de la CGT continúe la lucha. Lejos de eso uno de los jefes de la CGT, Juan Carlos Schmid, dijo que de haber cambios se va a “multiplicar la desigualdad”. ¡Apenas un diagnóstico y ninguna medida de lucha! Nada distinto puede esperarse de quien comparte dirección con Daer, quien avaló la represión contra los obreros de su mismo sindicato que luchaban para defender sus puestos de trabajo en Pepsico.

La reforma laboral del gobierno golpista  de Temer en Brasil.

En medio del ruido generado por el escándalo judicial y político por la condena a 9 años de prisión para el ex presidente Lula Da Silva, acusado de corrupción, el senado de Brasil aprovechó para sancionar una reforma laboral aberrante para las masas populares. Las medidas aprobadas implican volver casi 100 años atrás en las condiciones de explotación de los trabajadores. No hay mejor muestra de que el supuesto “progresismo” del capitalismo solo es un eslogan: la única manera de asegurar las conquistas obreras es tirar abajo este sistema basado en la explotación de las mayorías trabajadoras.

¿De qué manera aquella reforma laboral arrasa con los derechos laborales? De los más de 100 puntos de la reforma neoliberal podemos destacar:

  • Se amplían a todas las áreas, tareas y sectores de actividad los esquemas de tercerización y trabajo temporal. Ahora puede estar tercerizada hasta la actividad principal del establecimiento.
  • Se flexibilizan los procesos de contratación y despido, debilitando a los sindicatos. Crea el denominado contrato intermitente, autorizando hasta la contratación por horas.
  • Prevalecen los acuerdo individuales entre empleador y trabajador, o por empresa, por sobre las convenciones colectivas por actividad.
  • Se establece que en casos de despidos colectivos no se requerirá homologación sindical, eliminando la obligatoriedad de negociarlos con los sindicatos. Se desvincula el monto de las indemnizaciones respecto del valor del salario del trabajador.
  • Habilita la posibilidad de una jornada de trabajo de 12 horas.
  • Reduce el período de tiempo de almuerzo de 1 hora a 30 minutos.
  • Autoriza el trabajo insalubre para todos los y las obreros/as. Hasta las mujeres embarazadas y lactantes pueden verse obligadas a desarrollar tareas reconocidamente perjudiciales para su salud y al del niño.
  • Se restringe el acceso a la Justicia Laboral, limitando el beneficio de acceso a la justicia gratuita.

La lucha de obreros y obreras de Pepsico es sólo el comienzo

El cierre intempestivo de la planta de Pepsico en Vicente López es la antesala práctica de una mayor flexibilización para la que están presionando las multinacionales. Estas empresas le exigen al gobierno de Macri que apliquen de forma rápida el programa de reformas prometidas. Detrás de este conflicto no hay ninguna crisis. Las ventas y utilidades de esta multinacional, con sede en EEUU, lo muestran: mundialmente  tiene 62.799 millones de dólares de facturación, con una utilidad neta de 6.329 millones de dólares para 2016. Lo que en realidad buscan es maximizar su tasa de ganancia, y se mueven en la región, como grandes depredadores de fuerza de trabajo, buscando las mejores formas de explotación.

El cierre de la planta de Vicente López, la posible apertura de la planta relocalizada en Mar del Plata con plantel “renovado” (o sea, sin comisión interna combativa y con personal flexibilizado), y la importación de productos desde Chile, evidencian cómo se desenvuelven estos pulpos imperialistas. Las declaraciones, en “off”, de funcionarios del PRO que se quejaban de la maniobra de Pepsico, habla de esa presión multinacional. Sin embargo, como buenos perros guardianes, cumplieron con el desalojo reclamado, pasando por arriba toda la legislación laboral tras una opereta legal por “riesgo de contaminación”, a través de un fiscal y una jueza serviles al poder de “Cambiemos”.

El eje de la resistencia

La clase dominante, en sus distintas variantes, está preparando el terreno para atacar a fondo los derechos del pueblo trabajador. Las elecciones primarias serán una prueba, pero en verdad no definirán nada relevante en torno a este tema, que es el clave para defender nuestras condiciones de vida. Gane quien gane entre los partidos tradicionales, la clase dominante seguirá reclamando esta reforma. El voto a favor de casi la totalidad de las leyes reaccionarias en el congreso por parte de la oposición burguesa no avizora que sea en el terreno electoral donde podamos derrotar esta ofensiva.

Es la lucha en las calles, la acción decidida contra cada despido, contra cada empeoramiento de las condiciones de vida, contra cada quita de un derecho conquistado, el terreno para acumular fuerzas, para construir unidad popular. Las fuerzas anticapitalistas y/o progresistas debe ponerse íntegramente al servicio de la lucha, en las fábricas, las escuelas y las barriadas.

La bronca y la reacción ante el empeoramiento de las condiciones de vida se debe convertir en lucha social. Ese accionar decidido será el único posible dique de contención a las aspiraciones empresariales de ataque a los derechos conquistados. Esos derechos son y deben ser nuestras trincheras defensivas y de acumulación de fuerzas.

Los distintos planos de la resistencia

En lo táctico debemos desplegar amplias campañas de solidaridad, tal cual lo vienen desarrollando varios sectores y organizaciones del pueblo, combinándolo con la denuncia y el debate político. Debemos construir amplias instancia de unidad, desde abajo en todos los espacios que sea posible, y en el plano institucional cuando esto sea viable. Contra la reforma laboral debemos apuntar a construir ámbitos de unidad de la clase trabajadora y el pueblo explotado. Unidad de desocupados y trabajadores, de organizaciones barriales, sociales, comunitarias, partidos políticos. Debemos poner en pie mesas de unidad sindical, comisiones solidarias, comités de apoyo: en definitiva, todo tipo de herramientas que sirvan para apuntalar esa unidad para resistir. Ese es el camino táctico inmediato.

Pero no hay que descuidar el campo estratégico. Para ello no podemos permitir que nos aíslen en un solo conflicto. Los frentes de resistencia popular son variados. Actualmente también se está desarrollando una represión a los pueblos originarios (mapuches, qom, wichis y otros pueblos originarios)  que resisten la continuidad del extractivismo y la especulación inmobiliaria, el permanente desguace de políticas estatales de carácter social con sus respectivos despidos, el aumento de la violencia represiva cotidiana en las barriadas pobres. La reforma laboral afecta transversalmente a todo el pueblo que vive de su trabajo, sin importar en qué segmento se encuentre. En definitiva apuntan al empeoramiento de las condiciones de vida de todo el pueblo que vive de su propio trabajo, para aumentar el lujo de aquellos que explotan el trabajo ajeno.

Por ello es central articular amplios frentes de resistencia, sin dejar de criticar a quienes apuestan al pacto de gobernabilidad con los ajustadores. Debemos trabajar sobre la solidaridad de clase, especialmente con los sectores del pueblo que están en la indigencia y la pobreza, articulando sus luchas con las de los trabajadores que aún tienen mejores condiciones de vida. Ese es el camino para comenzar a consolidar una fuerza social popular, capaz de desequilibrar la situación política en pos de una salida democrática, popular, antipatriarcal  y antiimperialista.

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